b275eeb3f8d19a1798e4c442999253c1 - La desigualdad, el mayor lastre de la niñez panameña

Para Kyungsun Kim, Panamá es un país especial: único por su mezcla de riqueza económica, población diversa y biodiversidad abundante. Único también por la desigualdad entre sus habitantes.

Vestida de celeste, a Kim se le nota a gusto en su oficina ubicada en Ciudad del Saber; parece hallarse en su elemento en Panamá. Es una mujer sonriente y cálida. Tímida solo cuando la memoria le falla y no encuentra la palabra correcta en español. El español lo aprendió de chica, tras dejar Corea y vivir durante cinco años en Paraguay. Estudió ciencias políticas y economía y tiene una maestría en políticas públicas de la Universidad de Princeton en Estados Unidos.

En el país ocupa el puesto de representante desde el año pasado, después de haber sido especialista sénior de programas de Unicef en Jartum, Sudán, hasta 2010, y posteriormente ser asesora sénior de la organización en sus oficinas en Nueva York, enfocándose principalmente en América Latina y el Caribe.

De memoria enumera los reportes que hablan de la ventajosa situación económica en la que se halla Panamá, entre los que está que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe proyectara que este año el país lideraría la región con un crecimiento de 5.2%. Esto, explica Kim, significa que muy pronto Panamá se convertirá en un país de renta alta (determinado porque el ingreso anual por persona sea mayor a $12 mil) lo que elevará su perfil y su rol en el escenario global. “Se va a esperar mucho más del país en términos de liderazgo y de mostrar su compromiso con los niños”, señaló.

Múltiples variantes, incluyendo la economía dinámica del país, ya nos habían distinguido de otros vecinos de la región, especialmente del llamado Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador), donde el principal problema que aqueja la niñez es la violencia que los obliga a migrar a Estados Unidos y los peligros que la travesía implica. En Panamá, un país más acostumbrado a recibir migrantes que a ver a su población buscar oportunidades en otras tierras, los retos son otros.

El mayor reto acá es la desigualdad, y ahí no podemos ocultar nada porque es tan evidente”, explica. Para Kim ya existe el compromiso político y la voluntad de la sociedad civil y del sector privado, pero hace falta la capitalización de estos recursos de una manera eficiente.

“El desafío sería cómo distribuir y cómo utilizar esos recursos y esa voluntad buena del país para que esa desigualdad se reduzca y que los niños, en las comarcas y también en zonas de pobreza, se beneficien de las mismas oportunidades. Sabemos que nunca van a tener las mismas cosas. La igualdad no es acerca de ofrecer las mismas cosas, es acerca de ofrecer las mismas oportunidades”, apunta.

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La representante de UNICEF durante su tiempo en Sudán.

 

EMPEZAR POR LOS NÚMEROS

La reciente noticia de que Panamá adoptó la medida de realizar un Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) fue recibida con alegría por Kim. El IPM de Panamá cuenta con 17 indicadores divididos en cinco categorías: educación; vivienda; servicios básicos y acceso a internet; ambiente, entorno y saneamiento; trabajo y salud. El índice determina que un hogar es pobre si cumple negativamente con cinco o más indicadores. En el país, según la primera medición, dos de cada 10 personas viven en hogares pobres, siendo las poblaciones indígenas las más afectadas. En la comarca Ngäbe Buglé el 93.4% de las personas es pobre, en la comarca Guna Yala lo son el 91.4%, y en la comarca Emberá Wounaan más del  70% vive en hogares multidimensionalmente pobres.

“Tenemos que ‘mapear’ dónde están esos niños y dónde están esos bebés que no están recibiendo el cuidado apropiado y allí tener intervenciones más enfocadas e invertir más en ellos”, afirma, e indica que antes la pobreza se medía solo en la capacidad económica, algo que no reflejaba realmente el sufrimiento de la población.

El país, explica, ha mostrado su compromiso al realzar la medición, pero ahora es el momento de que todos los agentes involucrados, incluyendo Unicef, tomen esos números y canalicen los recursos hacia las poblaciones vulnerables.

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Kyungsun Kim comparte con las niñas de las clases de ‘ballet’ del Centro Cultural de El Chorrillo del Movimiento Nueva Generación (MNG).

 

PLAN DE ACCIÓN PARA PANAMÁ

La presencia de Unicef en el país está comprendida por ciclos de cooperación. El actual, de 2016 a 2020, cuenta con tres pilares principales: educación, protección e inclusión social.

En la educación, asegura Kim, el enfoque principal es la primera infancia. “Ya hay mucha evidencia que en el cerebro de un niño, casi el 40% de las habilidades intelectuales que tendrán de adultos, se desarrolla durante la etapa de cero a tres años”. Durante esa etapa, Unicef aplica el programa Care for Child Development (Cuidado para el desarrollo de los niños) en el que la meta es asegurarse de que mantengan la nutrición adecuada, tengan acceso a vacunas y servicios de salud, y se atiendan sus necesidades emocionales como el contacto físico y la estimulación a través de juegos que no necesariamente requieran la compra de juguetes caros.

Algunas de las cifras sobre la primera infancia (de 0 a 5 años) en Panamá apuntan a la raíz del problema. Según data de Unicef, en 2013 solo el 21.5% de los bebés recibía lactancia materna exclusiva y solo 73.5% recibía estimulación temprana.

Para Kim, invertir en la primera infancia es la clave para alcanzar un desarrollo sostenible y poder afrontar como país nuestro cada vez más importante rol de liderazgo en la región. “Es la manera más efectiva de quebrar esa brecha de desigualdad. Acá lo suelen ver como un costo, pero es una inversión: muchos proyectos puedan costar mucho, pero tal vez no tengan los mismos impactos sostenibles y la mayor escala como la tiene la inversión en la primera infancia”, asegura.

En el segundo pilar, la protección, Unicef se concentra en la prevención de la violencia. En el caso de niños y jóvenes que tengan conflictos con la ley, se busca “la justicia juvenil. Que reciban intervenciones restaurativas para que salgan a reintegrarse en la sociedad”, aboga.

Este año, la provincia en la que han decidido enfocarse es Colón, principalmente apoyando a su municipio para que este tenga la capacidad para crear y sostener un programa que permita que los adolescentes tengan algo que hacer, invirtiendo así su tiempo en su desarrollo, en vez de estar en riesgo de caer en el ciclo de la violencia.

El tercer pilar se concentra en campañas y mensajes hacia la sociedad. Con los datos y análisis recopilados generan mensajes como la importancia de la primera infancia y la lactancia. Así, la meta es lograr intervenciones que no tengan costos muy altos, que estén apoyadas en evidencia científica y que requieren tanto un cambio de conciencia como un cambio de políticas, ya sean públicas o privadas. “El sector privado puede tomar medidas muy puntuales para que una mamá pueda lactar a su bebé y eso tiene que ver otra vez con la primera infancia”, explica.

Los tres pilares se asemejan, para la representante de Unicef, al círculo de la vida: en la primera infancia necesitarán educación, al crecer necesitarán protección, salud y que la sociedad esté consciente de sus derechos. “Todo se vincula hacia tener esa sociedad que garantice y proteja los derechos de los niños, niñas y adolescentes”.

Paralelamente, a nivel de políticas públicas, la oficina ha estado trabajando en temas como la homologación de la edad del matrimonio en la República (que sea legal a los 18 años) y la yodación de sal, una estrategia que ayuda al desarrollo saludable del cerebro del feto y el niño pequeño.

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Kim conversa con niños que asisten al aula de maternal de Movimiento Nueva Generación en Barraza, donde reciben cuidados y estimulación temprana.

SOBRE LA PACIENCIA Y EL ROL DE LA CIUDADANÍA

Al recordar su tiempo en Sudán, un país de escasos recursos donde las intervenciones de Unicef son muy diferentes a las que ahora hace en Panamá, Kim asegura que la lección más grande fue la del valor de la paciencia. “Los impactos o resultados no son a corto plazo. Hay muchos resultados que después de haber partido de Sudán, recién veo que fueron un éxito”, confirma.

Así sucede cuando se invierte en la infancia: el éxito de las intervenciones no será visible hasta que las nuevas generaciones crezcan y veamos la brecha de la desigualdad reducirse. “Siempre hay que ligar los objetivos de desarrollo sostenible con la niñez, porque si miramos los presupuestos y vemos que no invertimos mucho en la niñez, eso quiere decir que los objetivos de desarrollo tal vez no los vamos a lograr”, manifiesta.

Para aquel que dude en el valor de la inversión, Kim cita los descubrimientos de James Heckman, estadounidense ganador del Nobel en Economía: por cada dólar invertido en la infancia se logra un retorno de alrededor de 6 dólares.