Etty Faskha12 e1552058878550 - Etty Faskha: una lista de deseos más allá de una silla de ruedas
‘Arranca. Si no pasó, no pasó, pero arrancaste, lo hiciste, lo trataste, algo aprendiste’.

Una pequeña flor de loto estaba marcada debajo de una de sus muñecas. Fue el único tatuaje que le vi a finales del año pasado, cuando conversamos por primera vez. Me contó que se lo hizo cuando cumplió 10 años de estar en silla de ruedas. Significa lucha.

Cuando volví a ver a Etty Faskha, para hacer las fotos de esta portada, tenía otro, más grande, en un antebrazo. Enseguida le pregunté al respecto. Me sonrió con picardía. Estábamos en su casa y su mamá estaba cerca. Me dio la impresión de que había sido un reto para ella, un challenge de esos que le gustan.

Arriesgada, alegre, perseverante. Estar en silla de ruedas, desde hace casi 23 años, no le ha impedido tener siempre a mano una lista de deseos y cumplirlos. Como desfilar en una pasarela en Fashion Week Panamá, tener una maestría en alta gerencia, tomar un curso de locución (donde conoció a su esposo), casarse y tener hijos, cursar un posgrado online en accesibilidad para personas con discapacidad, acudir a clases de asesoría de imagen, ser presidenta del Comité Paralímpico de Panamá, o convertirse en una conferencista motivacional.

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Foto. Alexander Arosemena

Su lista o su bucket list, como se le denomina en inglés a esa serie de cosas por hacer antes de morir, se ha convertido en su estilo de vida. El término bucket list surge a raíz de la película Antes de partir (2007).

El día de su boda, el papá de su esposo le regaló un libro que traía una pequeña libreta con retos en inglés. Etty lo tenía en su mano y me permitió verlo. Había cosas sencillas, como comenzar una colección, tener un blog o pintarse el cabello. Esas ya las ha hecho.

Esa libreta es ahora como una referencia. “Quiero dejar una huella. Que cuando me recuerden no digan: ‘la pelá que se accidentó y estaba en silla de ruedas’, sino la que hizo algo por vivir de la mejor manera a pesar de”.

‘Challenge accepted’

Así dijo cuando, a un mes de Fashion Week Panamá (FWP), el año pasado, le respondieron que debía buscar entre los diseñadores participantes a uno que le confeccionara un vestido. Aceptó el reto. Ella había enviado una carta tres semanas antes. Quería participar para llevar un mensaje de belleza en la diversidad.

Se acercó a Helene Breebaart, diseñadora francesa residente en Panamá, a quien conocía. Helene aceptó. Creó un traje de dos piezas con un estampado tropical, acorde con su colección que llevaría a FWP.

La participación de Etty se mantuvo en bajo perfil y no porque ella lo quisiera. Tras bastidores, antes del desfile, recibió consejos y apoyo de otras modelos. “La primera chica que abrió la pasarela de Helene me dijo: ‘no te preocupes, no hay cables ni nada”, recuerda Etty. Sin embargo, para que ella pudiera llegar hasta la pasarela tuvo que pasar por encima de una especie de sobresalto (que ocultaba unos cables). Lo hizo con la ayuda de las mismas modelos.

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Con la diseñadora Helene Breebaart, en su pasarela en Fashion Week Panamá en octubre de 2018. La Prensa/Jihan Rodríguez

Etty desfiló y sorprendió al público, pues no se había anunciado que alguien en silla de ruedas participaría ese año en Fashion Week. Los aplausos de los asistentes la hicieron sentir que en algo había impactado.

En 2012, ya había participado en un desfile de la diseñadora Verónica Larre, que había creado una colección para personas con discapacidad. Desde antes de eso tuvo la idea de llegar al FWP.

Etty no se conforma con un “no”. “Las cosas que no pasan, por alguna razón no pasan, pero las cosas que puedes hacer, si no las haces tú, no van a pasar”.

21 de abril de 1996

Etty tenía 16 años. Regresaba de Coronado en carro con sus padres. Dormía en el asiento trasero. Al frente, iban su papá y su mamá. Su hermano mayor estudiaba medicina en México.

Un conductor, presuntamente ebrio, perdió el control. Frenó desde una distancia de 10 metros y golpeó el carro exactamente donde Etty estaba dormida. Permaneció 10 días en cuidados intensivos.

El diagnóstico: una lesión medular a nivel de C5, C6 y C7 (parálisis desde los brazos hasta el resto del cuerpo). Tenía 4% de movilidad. Su papá se rompió seis costillas y una clavícula; su mamá tuvo síndrome de latigazo. Fue trasladada al hospital Jackson Memorial de Miami, donde permaneció tres meses.

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Al momento del accidente, cuando tenía 16 años, medía 1.78 m de estatura. Perdió tres centímetros después del accidente. Ahora mide 1.81 m. a su 39 años
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Etty, en silla de ruedas, a la derecha, en los Juegos Parapanamericanos Toronto 2015. En el centro, el atleta César Barría.

Cuando Etty estaba en cama, su papá (quien ya falleció) la alentaba a que poco a poco tocara un triángulo que tenía arriba. “Por favor, trata de tocarlo”, le decía. Un día, ella levantó el brazo.

Más tarde, la obligaban a comer sola; pequeñas cosas, con poco peso. Un pretzel con chocolate fue lo primero que comió por sí sola. Se ensució, lo disfrutó.
Regresó a Panamá para retomar sus clases (estaba en quinto año de secundaria). En las tardes acudía a terapia. Luego viajó a Cuba por más terapia.

La silla, diferencia de vida

Antes de su accidente, practicaba hapkido y baloncesto. La disciplina adquirida en los deportes la ayudó a ser perseverante.

Usaba una silla de ruedas eléctrica. Aunque era más cómoda, depender de este aparato no le iba a permitir lo que ella quería alcanzar. “En mi mente, yo estaba segura de que me iba a parar e iba a caminar, así que la silla de ruedas eléctrica no era una opción”.

Etty tiene los dedos doblados como secuela del accidente. Durante las terapias en Miami, le preguntaron si quería tener las manos estiradas o las manos dobladas. Estéticamente, la primera opción era más “bonita”, pero ella optó por la más práctica. Así aprendió a comer, a escribir, a usar su celular.

En Miami le hicieron una proyección de vida, viendo su condición. Le dijeron que aproximadamente viviría 25 años más. Ese tiempo se cumple en dos años, cuando Etty alcance los 41. Ahora tiene 39.

Pero su bucket list va más allá de esa proyección. “Mi bucket list es llegar a vieja. La gente cuando cumple 40 se deprime. Yo, cuando cumpla 40, no voy a caber en mi pellejo”.

Cada 21 de abril, el día de su accidente, lo celebra con un helado. Al principio, lo hacía con sus padres, ahora con su esposo y su familia. Todo el mundo le preguntaba por qué celebraba a esa fecha. Responde: “Porque no es lo que perdí, es lo que gané”.

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Etty con su hijo de tres años, Ziv, y su bebé Ari.

 

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