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¿Hay alguna canción que espontáneamente te haga sacar lágrimas? La Mama, de Charles Aznavour, me conmueve mucho. Me hace pensar en mi madre y en mi abuela; una mamá no se reemplaza.

 

¿De dónde sacas energía para perdurar más de 50 años en la música y en primer plano? Haber llegado a mi edad con salud ya es un gran privilegio. ¿Cómo explicar que dure tanto? De joven no sabía que iba a alcanzar esto, pero cuando me levantaba por la mañana no podía concebir mi vida sin la música, sin público; por eso desde siempre lo he dado todo para estar en un escenario. Y claro, con la ayuda de Dios y el público.

 

¿Tu primer instrumento? Mi padre era un gran violinista. Sobre su cama había una mandolina; un día que me dejaron solo en casa agarré el instrumento, que por suerte estaba afinado, comencé a tocar una cuerda, después dos, y al final de la semana sabía tocar todas las melodías que me conocía. Es un don. Con la guitarra igual, apenas la tome en mis manos supe tocarla.

 

Eres una de las grandes figuras de la música francesa, ¿como hiciste para no perder la cabeza? Nunca perdí los estribos; he tenido muchos sufrimientos y dolores en mi vida, muchas alegrías y mucho éxito. Cuando comparas el placer de la alegría y del éxito con el sufrimiento y el dolor, piensas que no tienes derecho de perder la cabeza.

 

¿Cantante popular o músico árabe-andaluz? Los dos. Mi primer maestro fue Cheikh Raymond Leyris, que dirigía una orquesta de música arábe-andaluza. Cuando lo asesinaron me sentí huérfano e hice un break  de 50 años con la música popular. En mis espectáculos siempre hay una parte dedicada a esa música.

 

Eres un artista comprometido…  Pienso que el arte y mis compromisos sociales o políticos son dos cosas diferentes. Si hago una mala canción, es malo para mi carrera, pero no es malo tener una opinión. Además, lo único que quiero es la felicidad de los otros. Me han dado tanto que quiero que todos la encuentren.

 

Si nuestros lectores quisieran descubrir a Enrico Macias, ¿qué tienen que escuchar? La primera canción que les aconsejaría es Enfants de tout pays (Niños de todos los países), la segunda es Adieu mon pays (Adiós a mi país), para que entiendan que soy un símbolo del exilio; soy un desplazado. También podrían escuchar mis canciones sobre el Medio Oriente, Navidad en Jerusalén. Y claro, están las canciones de amor… el amor, la energía de la humanidad.

 

Y para terminar, ahora, con una varita mágica, ¿adónde irías a comer? Pastrami en Nueva York. El pastrami, todos los pastramis son buenos.

 

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Perfil: Enrico Macias es un monstruo sagrado de la música francesa, al mismo nivel que Brel, Brassens o Aznavour. Es autor, compositor, cantante y actor. Nace en una familia de músicos judíos de Constantine, Argelia, e integra muy joven la mítica orquesta árabe-andaluza de Cheikh Raymond Leyris. La guerra de independencia y el asesinato de su padrastro mandan a toda su familia al exilio. Su primer éxito lo obtiene cuando ilustra un reportaje sobre los exiliados con la canción ‘Adieu mon pays’ (Adiós mi país) y desde entonces nunca ha dejado de estar en primer plano. Es un cantante comprometido, con Francia, con Israel y con la paz. En 1980, Kurt Waldheim (secretario general de las Naciones Unidas) le otorgó el premio Cantante por la Paz.