2500f8a77c9c569658d3feae017355fb - Elizabeth Gil de Solís, la directora que transformó un instituto

Dedicarse a la educación no era su plan original; su sueño era ejercer el derecho. “Inicialmente quería ser abogada”, confiesa la profesora Elizabeth Gil de Solís, mientras se sienta detrás de su escritorio en la dirección del Instituto Rubiano. Mientras cuenta su historia, una pequeña radio reproduce la señal de una estación local. La música suave que sale de las bocinas le ayuda a tener un ambiente más relajado y acogedor.

Sus primeros encuentros con la enseñanza los tuvo desde muy temprano. Cuenta que, según su mamá, con tan solo 10 años de edad, reunía a sus hermanos y vecinos para darles clases. Es ahí donde se encendió la chispa y comenzaron sus deseos por enseñar.

Nació en un pueblo de El Llano de Chepo. A los 12 años se mudó a San Miguelito e ingresó al mismo colegio que hoy dirige. Después de terminar su bachiller en el Instituto Rubiano, decidió estudiar geografía e historia en la Universidad de Panamá para ser docente.

“Me gradué [de la universidad] y desde ese momento me puse una meta”, explica la profesora. “La meta era que cuando estuviera próxima a jubilarme, yo iba a ser directora”. Al acercarse la hora de retirarse, comenzó su preparación para el cargo que tiene hoy.

Según la educadora, empezó su capacitación con la idea de que “podría convertir una escuela pública en una escuela de calidad”. Esa fue una de las razones por las que aplicó al puesto en el Instituto Rubiano en  2011.

Antes de ser directora, trabajó como profesora en varios centros. Comenzó en el Colegio Mariano Prado Araúz, en Natá, y después pasó a una escuela en la provincia de Colón, hasta que llegó al Instituto América, en donde laboró por 25 años consecutivos. Además, fue docente en la Universidad Tecnológica de Panamá por cinco años.

Para estar calificada para su cargo actual, obtuvo maestrías en historia, administración de centros escolares y un posgrado en docencia superior. Según Gil de Solís, en la aplicación hay cinco posiciones que se pueden llenar, pero ella solo apostó por la vacante en el Instituto Rubiano.

“Primero, por ser mi alma máter, y luego porque conocía la situación muy especial que tenía. No contaban con un director titular y hacía cinco años que la escuela venía dando ciertos tumbos”.

Aplicó con la meta de darle calidad a una escuela pública. “Y también, quizás llegando a la edad de separarme de la educación, quería dejar huellas”, agrega.

Después  de 30 años consecutivos de enseñar, se separó de la docencia con mucho dolor al obtener el puesto de directora. Dejó atrás los libros de historia y las aulas de clases para dedicar su tiempo a su otro sueño: estar al mando de una escuela.

5250b25d5f1c331a549310429fbf3f35 - Elizabeth Gil de Solís, la directora que transformó un instituto

El Instituto Rubiano ha tenido una transformación integral. Ahora los pasillos están limpios, las paredes tienen carteles motivacionales y existen diversas iniciativas para cuidar el espacio.

 

La transformación de un centro educativo

Al asumir su nuevo cargo, se encontró con el reto de mejorar integralmente la institución. Gil de Solís cuenta que encontró un colegio desorganizado y con muy baja autoestima. Por esta razón, uno de los primeros pasos de su gestión fue mejorar su infraestructura.

La instauración del sentido de pertenencia en todo el cuerpo estudiantil también formó parte fundamental del cambio que efectuó.

Según la docente, esa fue su primera meta. “Hacerle sentir al estudiante que no por ser de San Miguelito tenía que proyectarse como del barrio, sino todo lo contrario”, afirma. “Yo les decía que me crié en San Miguelito, en un hogar muy humilde, y que solo la educación me ayudó a llegar adonde estoy ahora. Los instaba a que se proyectaran como estudiantes y empezamos a trabajar en la apariencia”.

Para este trabajo incluyó a los profesores, alumnos y padres de familia. “Logramos que los estudiantes tuvieran una mística y una cultura del cuidado de la infraestructura”, comenta. De acuerdo con ella, encontró grafitis en varios lugares. “Usted se paraba en un aula de clases y era de terror. Empezamos a incentivarlos en que su espacio refleja su imagen y que si hay una rayadura, eso es lo que ellos proyectan”.

La mejora de la infraestructura consistió en la renovación de los edificios y la construcción de nuevos pabellones. La transformación comenzó con los salones de los estudiantes de sexto año. “Teníamos la visión de que ellos debían estar cómodos porque eran el ejemplo. Les pusimos aire acondicionado y les dimos liderazgo”, comenta la profesora.

En 2014, el presidente Juan Carlos Varela visitó el colegio, que se encontraba en medio de las operaciones de modificación. La educadora aprovechó la oportunidad para darle un recorrido al mandatario y comentarle su plan de renovar la escuela y de seguir con el proyecto que había comenzado.

A través de Mi Escuela Primero, un programa del Ministerio de Educación (Meduca) para mejorar colegios en todo el país, el Instituto Rubiano fue intervenido a finales de 2014. “En febrero ya estaba la escuela transformada”, explica Gil de Solís. “Todo lo que se había hecho en el pabellón de sexto año se había duplicado en los seis pabellones que tiene la escuela”, agrega.

Las paredes que una vez estuvieron cubiertas por rayones, ahora tienen carteles motivacionales dirigidos a los estudiantes. Ahora hay puntos de encuentro y áreas de recreación  alrededor del espacio y edificios blancos que se alzan en todo el terreno, convirtiéndose en la prueba de un trabajo exhaustivo de remodelación.

Ahora la meta de la directora es cuidar el plan que inició hace dos años. Es por eso que la creación de conciencia en la comunidad del instituto es uno de los procesos sustanciales que aún lleva a cabo.

71ea92c9044f9e2d3b3bd9e2905cda9f - Elizabeth Gil de Solís, la directora que transformó un instituto

Los estudiantes durante su jornada de clases.

 

Iniciativas para el cambio

Tras establecer el sentimiento de pertenencia, Gil de Solís se propuso tener la presencia del colegio en todos los concursos posibles. Eso le dio reconocimiento y visibilidad al Instituto Rubiano.

Otra decisión que tomaron fue el cambio de las horas de clases. De 35 minutos, pasaron a 60. Según la directora, esto le dio más tiempo al estudio y permitió tener horas de reforzamiento y de actividades extracurriculares dentro del horario de los estudiantes y docentes.

Gracias a estas mejoras, el plantel ganó la Orden Manuel José Hurtado, el máximo galardón otorgado a escuelas y profesores por el Meduca. En 2015, el Rubiano obtuvo la medalla por la labor  y la transformación que tuvo en los últimos años. En ese mismo año la profesora de español Mirna Pierce también ganó un reconocimiento. En 2016 volvieron a obtener medalla, concedida a la profesora de inglés Martina Marín.

El Instituto Rubiano tiene 3 mil 630 estudiantes, 50 administrativos y 202 docentes. Gil de Solís confiesa que sin organización no podría administrar una escuela tan grande. Es por eso que hace un plan de trabajo anual para que el año lectivo se lleve a cabo de manera estructurada. Hoy, al caminar por los pasillos de la escuela, se ve realizada su visión. Ahora su objetivo es seguir trabajando por el plantel para continuar dejando huellas.

dc5dadc7cbdc9748a9f66cef023ecfe2 - Elizabeth Gil de Solís, la directora que transformó un instituto

Todas las semanas, la directora se reúne con los profesores que son coordinadores de los diversos departamentos de la escuela.