Hogar Luz y Vida en Paraíso

Todo empezó con rondas para llevar comida, guía espiritual y a veces atención médica a los ancianos que viven en las calles. El grupo de voluntarios partía del Santuario Nacional, en la avenida Samuel Lewis, hacia Calidonia, el Mercado Público y Santa Ana.

Esta iniciativa propuesta por monseñor Rómulo Emiliani se mantuvo así por dos años, hasta que él mismo sugirió a estos voluntarios organizar un albergue para dar resguardo a las personas mayores que viven en las calles.
Así nació la Asociación Luz y Vida, que según su página web tiene 28 años y dos hogares, uno en Paraíso, provincia de Panamá, y otro en Metetí, Darién.

Velar por los ancianos

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El primer hogar que tuvo Luz y Vida se ubicó en San Felipe. En donación recibieron una casa para este fin, cuenta Poli de Molina, miembro de la asociación.

Durante 20 años estuvieron allí. Sin embargo, por ser un edificio antiguo en el Casco, donde hay normas para el cuidado de las edificaciones, les resultaba muy oneroso su mantenimiento. Por otra parte, al tener tres plantas y escaleras no resultaba el sitio más adecuado para las personas con problemas de movilidad.

Vendieron en San Felipe y empezaron a construir un lugar en Paraíso. Allí se mudaron en 2012. Bleixen Velásquez, otra de las integrantes de Luz y Vida, habla con satisfacción del lugar que mantienen en el área revertida. Es un albergue en buen estado, aseado, rodeado de vegetación. “La gente entra allí y nos dice: ‘este lugar no huele a albergue’. Está muy bien cuidado”.

El sitio tiene capacidad para 50 residentes. Atiende mayormente a varones que no tienen quién se haga cargo de ellos. La Asociación se ocupa de la ropa, comida, enseres y la atención médica, incluso asumen los costos cuando algún residente necesita una operación.

En Darién tienen un hogar desde 1999. También fue monseñor Emiliani quien impulsó esta idea. En ese momento la provincia más grande de Panamá, aunque la menos densamente poblada,  era la única que carecía de un albergue. Allá reside una veintena de personas.

En las familias panameñas las mujeres mayores son casi siempre atendidas por sus familias. No pasa lo mismo con los hombres. Esto es el resultado de una sociedad en la que hay varones que no mantienen una relación con sus familias o no se ocupan de sus hijos. Al envejecer, no tienen quien vea por ellos.

De Molina agrega que, además de lo anterior, son muchas las razones por las que una persona puede terminar en la calle, no son solamente personas que siempre han sido pobres o que no tienen estudios. Le ha tocado conocer casos de panameños que uno nunca habría imaginado que llegarían a estar en esas condiciones. 

Llevar un plato de comida

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Otro de los proyectos que lleva adelante la Asociación es entregar alimentos a los indigentes. Tuvieron un comedor en San Felipe en sus primeras instalaciones; después les permitieron un espacio en la basílica menor Don Bosco, en Calidonia, y también estuvieron en la parroquia Santa Teresita, en El Marañón.

“¿Recuerda que hace unos meses se divulgó la noticia de que se había desprendido un techo por El Marañón y que había unas personas sirviendo comida?”, pregunta Bleixen Velásquez, “pues éramos nosotras las que estábamos por allí”.

Tras esos acontecimientos hubo un acercamiento con el Municipio de Panamá, que tenía un espacio para un comedor y es el que actualmente están usando.

Se busca ayuda para los ancianos

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La causa de apoyar ancianos suele tener menos encanto que otras. Cuando se trata de socorrer niños es más fácil conmover.

Eso lo saben los miembros de Luz y Vida, que por estos días tienen problemas para solventar los gastos mensuales del albergue. Sobre todo la comida, que ha aumentado mucho de precio.

Ente sus actividades para recaudar fondos tienen un concierto con Osvaldo Ayala este 18 de noviembre. De Molina menciona con aprecio a la periodista Castalia Pascual, que les está apoyando y que ha demostrado sensibilidad hacia el bienestar de las personas mayores desprotegidas.

Tal vez muchas personas no quieren pensar en ser ancianos, pero es una etapa a la que se llega si se cuenta con la suerte de tener una vida larga. Poli de Molina apela a esta reflexión para pedir que, quien pueda, tienda su mano a estas personas.