Son las 4:00 p.m. de un domingo y el mall  está abarrotado. No es quincena ni tampoco se avecina ninguna fecha especial. El glamour  de las tiendas de alta gama, los anuncios publicitarios que dan a conocer las bondades de un producto recién lanzado, apelan a crear nuevas necesidades en el consumidor. Aunque puede pensarse que es una tontería dejarse llevar por la publicidad, lo cierto es que estas imágenes se quedarán en nuestro inconsciente hasta convertirse en deseos. Es el consumismo, que se da en todo el mundo occidental y que como explica la antropóloga Alina Torrero, es una consecuencia lógica del sistema económico en que estamos inmersos, que se mueve entre la oferta y la demanda. “Todos los que formamos parte de este sistema estamos llamados, de una manera profusa, constante, recurrente, al consumo. Lo negativo del asunto está en la mayoría que responde a ese consumo y no tiene el dinero para sufragarlo”.

Ese deseo de rodearnos de bienes está muy marcado en el tejido sociocultural panameño, y de no controlarse puede conducir al camino de la deuda o al mal uso del crédito por obtener esos objetos de deseo. 

De acuerdo con el asesor financiero José Canto, este fenómeno se debe al hecho de que “somos una sociedad altamente consumista: veneramos el lujo, el derroche, el boato, lo que hace que las personas se endeuden más allá de lo que pueden”.

El caso panameño

 

Si bien es un mal que aqueja a las sociedades contemporáneas, en el caso de Panamá, su posición territorial y su historia como país de tránsito han hecho lo propio para sentar este panorama. “Desde los inicios de la república fuimos influidos por los inmigrantes de muchas partes del mundo, floreciendo el comercio de muchos bienes novedosos que llegaron aquí mucho antes que a otros de la región. Bienes que el panameño común quiere disfrutar a cualquier costo, aunque sea pidiendo crédito, y después se verá cómo se paga”, observa la asesora financiera Milagros Gutiérrez. 

 

Por su parte, Alina Torrero observa que aun antes de la globalización como fenómeno económico, Panamá ya vivía algo similar. “Estamos muy acostumbrados a eso, por ser puerto, por ser lugar de paso, de modo que para nosotros lo único que ha sucedido es que muchas cosas que se veían cuando se viajaba al extranjero, ahora las tenemos a nuestro alcance en un mall, lo que propicia ese deseo de tener cosas y de demostrarlas. Y como país siempre se nos ha dado un bombardeo mediático impresionante”.  

Los especialistas entrevistados manifiestan que nuestra cultura de consumo se encuentra cifrada en las frases que escuchamos en el día a día y que deberíamos ir desechando del lenguaje cotidiano.  

 

“En Panamá, a nadie le asusta ni le avergüenza tener deudas. Se ha vuelto una pauta consensuada y lo vemos en las frases clichés como ‘si hay pobreza, que no se note’. Eso nos dice que se trata de una práctica cultural con un peso social importante y por ello es difícil de revertir,” indica la antropóloga. 

 

A decir de Canto, esos “pensamientos dañinos del tipo ‘el pobre nunca tiene nada sino es con deuda’, que ‘con los salarios que hay uno no puede ahorrar’ son solo excusas. La clave es vernos a nosotros mismos como administradores de unos fondos que nos ganamos intercambiando tiempo de vida por dinero”, expresa.  

La presión social es otra de las fuerzas en juego. Desde el punto de vista antropológico, Torrero señala que “somos seres sociales y queremos ser aceptados y ser parte del grupo”. Y si el grupo pone condiciones materiales para pertenecer a él, se da la motivación suficiente para que “las personas quieran demostrar cosas, ostentar, y empiezan a comprar y a gastar en símbolos de estatus”, explica Canto por su parte. 

 

Lo curioso es que este procedimiento se da en todos los estratos sociales. “Dependiendo del grupo social en que se mueva la persona, poseer cierto objeto te da una especie de respaldo. Y en esa búsqueda incesante, la gente va a consumir y aquellos que no tienen también consumirán, pero dentro de sus posibilidades. Cada grupo social establece sus propios criterios sobre qué es lo que se debe poseer”, expresa Torrero.  

Según Canto, al consumismo imperante, se unen la falta de una cultura financiera y la existencia de mecanismos que facilitan el acceso al crédito como los principales factores que propician el endeudamiento crónico que viven muchos panameños.

 

f27428836e53d96575d0d7b8ee2be8ac - Desear lo que no se puede pagar

 

 

Bajo control

 

La información es uno de los antídotos más potentes contra este mal socioeconómico, que debe atacarse primero personalmente. “Mientras más informada es una persona, no es que deja de consumir, pero lo hace más moderadamente o bien no pone sus expectativas en algo tan pasajero”, indica  Torrero.  

 

Por su parte, Canto comenta que el conocimiento desde temprana edad del valor del dinero es fundamental. “Si uno no  enseña al niño cosas relacionadas con el buen manejo del dinero, definitivamente no es sorprendente que cuando sea adulto no tenga ni idea o lo administre mal”. A renglón seguido, el asesor financiero destaca la importancia de los valores en este contexto. “Si yo no soy paciente y quiero tener las cosas para ya, como no las puedo tener de una vez recurro al endeudamiento. Entonces, si yo creo en el ahorro, voy a actuar de acuerdo con ese valor”.

 

No obstante, Milagros Gutiérrez destaca que carecer de un historial de crédito tampoco es algo positivo. “Por ende, existen las deudas justificadas como la hipoteca de la casa principal, financiamiento de inversiones con altos rendimientos y muy bajos niveles de riesgo, deudas para cubrir costos educativos”, y propone discriminar entre estos y los meros caprichos o compras impulsivas. 

 

Para no caer en la tentación de comprar cosas superfluas y ejercer control sobre el manejo del dinero, la asesora aconseja antes de comprar algo plantearse la pregunta: “¿lo quiero o lo necesito?”. De su respuesta dependerá su control financiero.