4d374720b8e363e60d1046c653bdbc0d - Carlos Cruz-Diez. Conversaciones en el taller

En un rincón de la biblioteca del taller Articruz nos recibe el maestro venezolano Carlos Cruz-Diez, uno de los exponentes mundiales del arte óptico y el arte cinético,  ese movimiento plástico que en los años de 1960 contribuyó a dar una mirada reflexiva a algunas de las nociones más afincadas del arte occidental.

Afable y cercano, le encontramos trabajando frente al computador en el diseño de una de sus piezas que será producida materialmente en ese taller, que dirige su hijo Jorge Cruz Delgado. A sus 92 años, el maestro trabaja todas las mañanas. Hablamos de todo un poco, y de pasada nos menciona que casualmente ese día inauguraba una exposición en Mónaco, acababa de terminar una obra para un edificio en Washington y otra para una torre de oficinas en Sao Paulo. “Hay mucho trabajo felizmente”, dice sonriente.

Cruz-Diez es, sin duda, una leyenda viviente del arte contemporáneo. Su legado más grande es haber replanteado la noción del color como un elemento circunstancial que se crea y recrea en el espacio, algo realmente importante, sobre todo si se toma en cuenta que el arte materialmente parte de la forma y el color. Sorprende en gran medida su inmensa curiosidad por todos los campos del saber, una actitud que tiene en común con los grandes genios del arte, como Leonardo o Miguel Ángel, que lograron obras imperecederas precisamente por su deseo de poner a prueba todas las capacidades humanas; una actitud que  el mundo tecnificado de hoy pide a gritos.

Por supuesto, como buen artista total, su conversación es un claro ejemplo del antiguo ideal del miscere utile dulci o mezclar lo útil con lo dulce: el maestro Cruz-Diez discurre por temáticas tan variadas como  su visión del arte actual, el pulso de los tiempos, el arte panameño, hasta divertidas comparaciones de la moda con el rock.

Dicen que para ser un buen artista hay que tener una obsesión; ¿cuál es la suya?
Yo vivo pensando en mi trabajo día y noche, porque si uno quiere hacer algo que tenga cierta importancia tiene que ocupar todas la horas del día, el pensamiento y el corazón.

Por estos días se habla mucho de arte. Parece estar en todos lados. ¿Diría que el arte tiene alguna utilidad? 
¡El arte no sirve absolutamente para nada! Todo lo que es para el espíritu no es utilitario, es un placer permanente y es lo que ennoblece al hombre. El arte ennoblece el espíritu de la gente, no es el objeto, es lo que eso transmite. El arte es un salto al vacío; una noble aventura porque no esperas recompensa alguna. 

Sin embargo, su aventura funcionó. ¿Cuál fue el parámetro en el que se basó para iniciar su investigación plástica que le ha llevado a un éxito tan grande? 
Cuando yo comencé a plantearme el arte como la invención de algo, mi problema era encontrar un discurso que tuviese algún interés y que tuviera cierta trascendencia. Como lo que más placer me producía al pintar era poner el color sobre la tela, me dije que era probable que en el mundo del color encontrase alguna vía que nadie hubiera desarrollado. Y eso me costó muchos años de investigación, de lecturas, de experimentos, de fracasos, hasta que al final encontré soportes que me ponían en evidencia el color en su esencia.

La reflexión del color como una esencia es la base de su obra; ¿qué es lo que más le apasiona de él?
Es que el color en el arte pertenece al mundo de lo afectivo. Lo vemos y no hay lógica para que nos infunda emoción un rojo, un azul o un verde. El color no es una certeza, es una circunstancia, y el hecho de poder demostrar que es una circunstancia con todos los soportes que he podido desarrollar, es el conjunto de mi obra: el color haciéndose y deshaciéndose ante nuestros ojos, el color como una circunstancia en el tiempo y en el espacio.

Desde la antigua  Grecia se planteó el color como un accidente dentro de la sustancia de la cosa, que no podía existir sin soporte, de modo que su obra demuestra lo contrario.

Exactamente, porque a través de la historia se ha tomado el color como una anécdota, y yo creo que el color es una esencia también, puesto que está presente en todos los momentos de nuestra vida, pero no como el genérico rojo, el azul o el verde, hay cientos de miles de matices muy sutiles que culturalmente no estamos acostumbrados a percibirlos. Vivimos en un mundo coloreado que da lugar a un constante proceso de semiosis.

Carlos Cruz-Diez con parte del equipo del taller Articruz.

¿Cree usted que el artista debe ser capaz de teorizar sobre su propia creación?
No. Hay artistas que no les interesa hablar nada sobre su obra, sino hacer. Hay otros que les interesa la parte conceptual y el hacer teórico. A mí siempre me ha interesado desarrollar en mi trabajo una plataforma conceptual, que es lo que he elaborado, pero hacer arte basándose en ideas es algo un poco peligroso.

Muchas de sus obras son participativas. ¿Por que es tan importante para usted incluir al público? 
Porque los que inventamos el arte cinético cambiamos la dialéctica de una actividad contemplativa a una dialéctica participativa, y de allí la actualidad de nuestro movimiento.  El cinetismo es la primera vez en la historia del arte donde el tiempo y el espacio real son los fundamentos de la invención artística. Eso nunca había sucedido. Lo que sucedía antes en el arte era una transposición del tiempo y el espacio, una transposición de la realidad. 

Usted ha dicho alguna vez que la denominación de pintura realista es un equívoco.
Así es. La pintura fue lo que el hombre encontró para detener el tiempo, para conservar la memoria. Y eso es un hecho transpositivo. Cuando se habla de pintura realista refiriéndose a un paisajista o a un pintor figurativo, es un equívoco semántico, porque eso no es realismo, es una transposición de la realidad. Yo soy un pintor realista porque trabajo con la realidad. Mis obras no son cuadros ni esculturas, son soportes de realidades, donde están sucediendo cosas en el tiempo y en el espacio. Son una sucesión de instantes, como la vida.

Cisco Merel (a la Izq.) es uno de los artistas panameños que participa en Articruz.

La interdisciplinariedad de las artes y ciencias es una tendencia en arte contemporáneo, ¿qué opina sobre esto?
Siempre fue así. En el Renacimiento, la perspectiva y la anatomía eran ciencias. La tecnología siempre ha estado asociada al arte, es el socio secreto de todos los artistas. Si no se hubieran inventado los tubos de pintura, el impresionismo no hubiera podido pasar. Meacuerdo que mi padre se negaba a escribir en máquina y al fin se convenció de que la máquina de escribir es una maravilla, y así con la computadora. Imagínate si Proust hubiera tenido un computador… Es decir que la tecnología ha sido siempre un cómplice de la expresión artística en general.

Muchas veces, la sola mención de “arte contemporáneo” produce rechazo en el público. ¿A qué cree usted que se debe esto?
El rechazo es porque el público  se acostumbra a las formas tradicionales, y cuando se hacen nuevos discursos, suele ser en contra de los tradicionales. Primero hay rechazo,  hasta que poco a poco los va aceptando, y el ejemplo más patético y evidente fue La consagración de la primavera de Igor Stravinski, en 1912. ¡Imagínate lo que hoy el rock sería para esa gente!

Sin embargo, cuando se comienzan a entender los códigos del ‘rock’, por ejemplo, se puede  disfrutar. 
Exactamente. Y por eso la importancia de  dar una cierta información clave para dar acceso a esos códigos, porque si no, se hace una barrera entre espectador y obra.

El maestro en su computadora, donde diseña sus obras.

¿Cómo ve usted el panorama del arte de hoy día? 

Esta es una época que como nunca se consume arte. No ha habido nunca en la historia un momento donde se haya oído tanta música como hoy, que se haya leído, visto pintura y cine tanto como ahora. Vamos hacia una sociedad del ocio, por lo que hay que ocupar el tiempo, y esto se hace en la literatura, en la música, en el deporte, en todo lo que es esparcimiento espiritual tiene más importancia en la sociedad contemporánea.

Su visión, entonces, es bastante optimista.
Por supuesto, porque lo constatamos. En la época de Mozart no se escuchaba música en todas partes como ahora. Era solo para las élites.  Hoy en  internet un poeta puede publicar sus versos y llegar a  millones de lectores, y eso nunca había sucedido.

¿Qué piensa del llamado arte meramente comercial?  Creo que hay un consumo excesivo de arte, pero los artistas no se producen de la noche a la mañana. El arte no se aprende, nace. Por eso la buena producción es escasa, pero la demanda es muy grande y allí es donde surge la producción banal que vemos y que nos hace preguntarnos ¿eso es arte? No, es mercancía. 

¿Cómo ve usted, en términos de civilización, el tiempo  en que vivimos? 
Estamos en un momento de cambio. Estamos en tránsito hacia otra cosa, y el fin de una civilización que comenzó en el siglo XVIII con todas sus teorías filosóficas, económicas, políticas y sociales que nos toca a nosotros cerrar y abrir otra etapa que no sabemos a dónde va a llegar. En ese tránsito siempre hay dificultades, incomprensiones y cosas que no tienen interés ni valor.

Pero es natural que la historia proceda de esa manera.
Sí, eso pasa siempre, porque de allí parte la búsqueda de nuevos discursos. Yo siempre he dicho que los de mi generación serán los últimos artistas como los hemos concebido hasta ahora. El artista del futuro será otra cosa. Hay nuevas posibilidades de hacer arte.

La obra de Cruz-Diez ‘Inducción Cromática a Doble Frecuencia Nora 2’

Por otro lado, usted  ha trabajado con moda, ¿cómo fue la experiencia?
Yo hice unos trabajos con un modisto venezolano que se llama Oscar Carvallo. Fue  una experiencia muy linda porque cualquier soporte lo puede uno convertir en arte, depende de qué solución se le dé. Y ¡caramba! en lugar de ser una solución con un soporte de cartón, de aluminio, de papel, hacerlo sobre el cuerpo de una mujer es sibarítico (ríe).

Es un defensor también del arte en espacios públicos.
La moda es un elemento semiótico porque se transmite significado a través de ella; lo mismo sucede con la calle. Yo soy amante de la obra en la calle porque esta solo nos da agresión y obediencia a los códigos. De modo que el arte en la vía pública puede dar un mensaje de poesía y de aliento, y para el futuro de los artistas es una gran posibilidad.

Aquí en Panamá usted ha trabajado varias obras urbanas.
Sí, y en este momento estoy haciendo un edificio. Es interesante. Hay una volumetría donde están los estacionamientos y quise animar ese espacio. Va a cambiar con la luz y el desplazamiento para que dé  una información variada a través del día.

¿Qué opinión le merece el arte panameño?
El arte panameño obedece a las mismas consignas de lo que llaman el arte del Caribe, que desde hace mucho tiempo está muy enfrascado en lo que es el folclore, lo típico, la historia. Y eso es una especie de peso que impide un poco la invención-arte, porque el arte no es una referencia, es una invención. Hay que informar a las nuevas generaciones de que hay que inventar un discurso. No repetir lo conocido. Para eso, hay que ir hacia lo inédito y eso requiere una cultura muy vasta. Un pintor no puede ser un folclórico, sino una persona sumamente culta para poder crear.

¿Por qué escogió Panamá para traer su taller?

Fue mi hijo Jorge, que ama el trópico. En Venezuela se volvió muy difícil hacer obras. Jorge en lugar de irse a Europa o Estados Unidos escogió el trópico, Panamá, que es Venezuela también porque somos la misma gente, los mismos paisajes y me siento muy feliz aquí.  El taller que ha hecho Jorge es un taller ideal. Nunca imaginé que pudiera tener uno así y gracias a mis hijos.

Es como un taller renacentista, en el que también trabajan otros artistas panameños y extranjeros.
Exactamente, es como un taller renacentista, pero a lo moderno. Hay muchos artistas que trabajan acá porque es maravilloso transmitirles un poco la información y la experiencia que uno ha adquirido a través del tiempo en técnica. Y también está la familia, porque creo que la vida y el arte es lo mismo.

Se dice que en el aeropuerto de Caracas se acostumbra  tomarse una   foto de los pies sobre una pieza que usted realizó en el piso. Cuentan que se ha vuelto un símbolo de que se parte  como expatriado.
Eso me duele profundamente. Pero fíjate qué belleza, porque la gente se apropia del arte que está en la calle, y eso se ha convertido en un símbolo de la situación de un país, y eso me conmueve profundamente y espero que sea también el símbolo del regreso.

‘Color Aditivo Panam Círculos 2’