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Un camión rotulado en la parte de afuera de una galería avisa que llegamos al Banco de Alimentos Panamá, en Mañanitas. Después de pasar la garita con acceso a las galeras, en donde están ubicadas las bodegas, un grupo de cinco varones con cascos de protección  cargaba desde la rampa, el vagón de un auto pick up que estaba hasta el tope.

Entre los productos que  había se distinguían paquetes de arroz, granos, latas de tuna y aceite. El pedido iba rumbo a la parroquia San Nicolás, según contó Ana Isabel Méndez, gerente general de Banco de Alimentos Panamá, mientras muestra parte del trabajo que se realiza en la galera del banco, cuyo espacio físico se divide en dos partes. 

Una sección es utilizada para la llegada de la mercancía que proviene de los donantes, y la otra parte está destinada para despachar los pedidos a las organizaciones beneficiarias.     

EL ORIGEN
El Banco de Alimentos Panamá es parte de una iniciativa de un grupo de ejecutivos feligreses de la parroquia San Lucas en Costa del Este en el año 2014, que estaban interesados en realizar un proyecto de voluntariado y responsabilidad empresarial.

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El artículo ‘El costo millonario de botar alimentos’ de La Prensa en mayo de 2014 especificaba que había 400 mil personas en precariedad alimentaria en el país a la vez que se desperdiciaba el doble de la comida que se necesitaba para su alimentación.

Para conocer la razón de tanto desperdicio, los involucrados en el proyecto investigaron y descubrieron que la mayoría de los distribuidores y cadenas de supermercados botaban al vertedero mercancía apta para el consumo humano.

Esto obedecía principalmente a que dichos productos eran considerados como merma, ya sea porque las etiquetas estaban deterioradas, o las latas estaban golpeadas o expiraban en seis meses y ya no las podían comercializar.

“Nos dimos cuenta de que existía una cultura de las empresas de no donarla [la mercancía], porque no había una ley que los protegiera contra alguna demanda”, afirma Méndez.

En 2014 todos los países de América contaban con un banco de alimentos, menos Guyana, Belice y Panamá. Hay 2 mil 600 bancos  en el mundo, afiliados a la ley Global de Alimentos (Food Banking Network). 

El banco surgió con el capital semilla de 15 socios, incluyendo la parroquia de San Lucas.  “No hemos inventado nada, nos hemos subido a la rueda y hemos panameñizado y probado qué funciona”, manifiesta Collita Denis, gerente de donaciones y comunicaciones del Banco de Alimentos Panamá.

Las empresas privadas, de la mano de la Arquidiócesis de Panamá, llevaron a la Asamblea la petición para que se aprobara la Ley 37 de 2 de diciembre de 2014, que establece el régimen especial para la donación de alimentos.

“La ley protege a los donantes, a través del banco de alimentos, sin responsabilidad en las donaciones”, indica la gerente general.

¿CÓMO FUNCIONA?

El banco recibe el alimento que está por ser desechado, sin clasificar. Solo nueve personas trabajan en planta, por lo que se necesita la labor de los voluntarios, que mediante su esfuerzo permiten que los alimentos lleguen a las organizaciones beneficiarias: comedores, asilos, hogares y parroquias. 

Los voluntarios pertenecen a escuelas, colegios, universidades y empresas. También hay familias, grupos de confirmación [católicos]; y grupos de la comunidad hebrea, entre otros.

La voluntaria Marcela de Terrizano acompaña a su hija Malena, quien realiza sus horas de trabajo social del colegio Brader. “Trabajamos en la clasificación de los alimentos y la verificación… unos días empacamos arroz, otro día latas, hoy es salsa china”, narra la voluntaria, mientras pesa una docena de frascos dentro de la primera bodega de despacho de alimentos, durante el tour realizado a las instalaciones. Marcela luce satisfecha y contenta. Así mismo sus otros compañeros voluntarios.

Su trabajo consiste en separar las fechas de expiración de cada producto y ponerle rótulos. “Lo que más me ha impactado es lo bonito de trabajar en equipo para una buena causa”, sostiene Terrizano.

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Una vez los productos son clasificados, se pasan a la segunda bodega. Ignacio Rosales, de 16 años y estudiante del colegio Brader, ya lleva 12 horas de labor social. Su trabajo se centra en esta bodega. Se ve tan seguro y orgulloso, que pareciera que llevara años de donar su tiempo. 

“Tengo que empacar los productos, depende de lo que llegue, lo pesamos, lo movemos de bodega para hacer los pedidos”, sostiene, mientras apunta la cantidad de productos en una hoja de control.

“Lo que más me ha gustado es empacar los pedidos, con mis compañeros y trabajar en equipo”. Esta segunda bodega es un lugar amplio cuyas repisas llegan hasta el techo y los productos reposan en un inventario. 

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El contenido de la mercancía  clasificada y lista para el consumo, se le envía a las organizaciones beneficiarias por correo electrónico, dos veces a la semana.

Estas agrupaciones mandan la lista de lo que necesitan y deben pagar un 15% de cada pedido, como una contribución administrativa.

Los paquetes son preparados para ingresarlos en los carros repartidores.Además de alimentos secos de la canasta básica, también se reparten  jabones, pañales, cloro, servilletas, papel higiénico. “Todo lo que puedas imaginar que necesita una persona para vivir”, afirma Méndez.

El trabajo de los voluntarios es supervisado de cerca por el personal del banco.

RESULTADOS

Aunque la sede del Banco de Alimentos Panamá está en el sector de Mañanitas, la ayuda abarca a todo el país. Tras la creación del Banco de Alimentos Panamá, ya hay 150 organizaciones beneficiadas. “Otros bancos de alimentos tienen listas de espera para ingresar, pero nosotros no”, destaca Denis.

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“Creemos en la providencia, que así como beneficiamos organizaciones, así mismo se sumarán más donantes y cadenas de súper mercados… necesitamos empresas comprometidas”, afirma Méndez, mientras enseña un video con testimonios de beneficiarios del programa en la sala de reuniones del banco.

La organización ayuda a más de 25 mil personas en el país y se han rescatado más de 300 toneladas de alimento. “Si no lo hubiéramos hecho estarían tiradas en el vertedero y eso equivale a más de un millón de raciones (platos servidos)”, manifiesta la gerente de donaciones.

Además, mil 600 niños del país reciben cereales de Kellogg’s como parte del programa “Desayunos para mejores días, creado para los bancos de alimentos de la región para darles cereal de lunes a viernes y evitar las ausencias escolares.

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De estos el 80% de los niños beneficiarios del desayuno está en Bocas del Toro. El resto vive en Panamá este. Se buscaron comunidades que contaran con el apoyo de las parroquias, para que la distribución fuera más efectiva y darles un monitoreo sobre su desarrollo a estos mismos beneficiarios. La logística aquí es distinta, ya que se necesita el apoyo de otras empresas privadas que donen camiones y el chofer.

Uno de los requisitos para las parroquias, albergues o comedores para ser beneficiarios es que no lucren con los alimentos.

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Se procura que la ayuda llegue a las comunidades en donde no haya presencia de otras organizaciones sin fines de lucro, ni comedores de escuelas públicas, ya que esa es tarea directa del Estado.

 

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