FWP 2013 comenzó con buen pie: puntual, con los asientos ocupados y con una propuesta del dúo colombiano Leal Daccaret que complació con algo para cada mujer. El estampado tropical con acentos en lila y naranja; para la conservadora, rígidas chaquetas asedadas; para las innovadoras, los chalecos negros y adornos recargados de oreja; algo para la niña buena, bien lady like, y algo para la sensual, con una especie de túnica con sostén en la parte superior. Una línea comercial que dejó un buen sabor para comenzar.

A partir de allí, las propuestas subieron en intensidad. Los diseñadores panameños de aquel día promueven no solo el color, sino el brillo, sobre todo en dorado, y el volumen en piezas abombadas. Para una mujer que busca captar la atención.
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La diseñadora de accesorios, especializada en carteras de cuero de cocodrilo, Gladys Vallarino, se mostró renovada con una colección que estalló en color a partir de las molas sobre sus bolsos de cuero teñidos en vivos colores, como morado y magenta. Completó sus bolsos con collares de la diseñadora textil argentina Chabela Sicz, de inspiración guna.
El dúo Attie, madre e hija, hizo evidente, con la narración al inicio de su pasarela, que el tema era el genio de la botella, Aladino, Las Mil y una noches, que siguió en las lámparas de pedrería y ojos bordados en las piezas. Su mejor propuesta fue el color dorado y las transparencias laterales.
Anabell Quintero se mantuvo en su estilo, pero escapó a lo neutro, y si bien no faltaron piezas negras, el impacto mayor vino del naranja encendido y su juego con el encaje dorado tenue, y las piezas que cual culebras sostenían blusas o se enrrollaban como collares.
El nombre Queen of Queens recogía bien la opulencia que presentó Fabiola Braccho con su marca de accesorios Burú. Piezas doradas de muchas cadenas, enormes piedras y largas caídas, un exceso que no necesitaba de más aderezo. Si acaso aquello era demasiado, estaban las pequeñas carteras tipo caja.
Elías Sarmiento el año pasado impresionó con su primer desfile dentro del bloque de emergentes, así que las expectativas eran altas, y lo suyo vino cargado en volumen: faldas bombachas, volumen en hombros, en puños, en capas abultadas, sobre una paleta negra y fucsia.

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Pasadas las 8:00 de la noche, comenzó el segundo bloque con la presentación de la diseñadora colombiana Renata Lozano en una onda juvenil de maxivestidos con telas fluidas que se despegan de la silueta del cuerpo, estampados de panal de abeja, pantalones con un toque deportivo por las rayas negras al costado, así como jumpsuits, transparencias audaces y escotes profundos. Estos dieron paso a un grupo de trajes a media pierna, de cuellos y mangas largas, de corte mucho más formal. Su paleta fue del blanco y crema al camel y de allí a tonos más fuertes como el fucsia y el turquesa.
Casi de inmediato, la música de Elvis Presley se escuchó, la inspiración de Gaby y Norma Valenzuela era los años 50. Faldas en línea A, cinturas marcadas, escotes barco y halter y el uso del péplum. El toque diferente lo dieron detalles como recogidos bombachos en asimetría, cuellos engolados y faldas con volantes. Algunos diseños fueron lucidos por figuras de la televisión como Blanca Herrera y Carmen Sousa.
A la pasarela subió una modelo con un enorme regalo. Abrió la caja y salieron dos pequeñas bailarinas. Eran las sobrinas de la diseñadora de accesorios Melyna Typaldos, quienes inauguraron su desfile. Typaldos dio un giro a su línea al incluir joyería textil. La colección se dividió en dos, en combinación con los tutús de las modelos: las color beige de toque romántico, como brazaletes de flores bordados en pedrería y diademas de cadena estilo oriental, y las color negro, una faceta más roquera con collares de cadenas plateadas. La dj Sara Castro, con un tocado de jaula , modeló una de estas piezas.

Dos pequeñas bailarinas modelaron para la diseñadora de accesorios Melina Typaldos.
Alessandra Grau presentó una onda divertida y descomplicada, con corazones como hilo conductor. Se vieron en estampados de seda y en bordados en lentejuelas. Transparencias, estampados de margaritas, pedrería de gran tamaño bordada en los cuellos a manera de collar, además de lamé dorado, fueron sus propuestas.
Del amarillo al limón fue la paleta de arranque de Michelle Nassar, en shorts y camisas, vestidos tipo chemise y con silueta de tulipán. Los pantalones fueron una prenda privilegiada, que mostró palazzos fluidos con aberturas, de talle alto a la cintura y con aplicaciones. El estampado en azul y blanco, y las ruchas fueron otras de las tendencias.

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Barroquismo y sensualidad exudó la colección del diseñador Juan David Vélez y Enchanté Bijoux. Fiel al dramatismo que le caracteriza, apostó por el corte sirena. La inspiración veneciana no solo estuvo presente en las máscaras de las modelos, sino en los intrincados bordados en pedrería, las telas de tejidos de damascos y las plumas, muchas plumas. La inspiración de la película de Kubrick Eyes Wide Shut estuvo en los ligueros, las medias de red, y los corsés que le aportaron un dejo de erotismo. La crinolina, el efecto ombre en las telas, el encaje negro, el dorado y los vuelos fueron sus denominadores comunes.