Michelle Khafif es la dueña de la tienda Super Mini Diablo Rosso, que promueve a creadores panameños.

Ella se hizo socia de los dueños de Diablo Rosso porque le gustó el enfoque de sus locales y le emocionaba aportar su granito de arena a la industria local. Así fue como Michelle Khafif llegó a estar al frente de la tienda Super Mini Diablo Rosso ubicada en la planta baja del hotel Sortis.

Ella es una de las pequeñas tiendas que apoyan a los artistas, artesanos y diseñadores locales al darles la oportunidad de vender sus productos.

Decidieron vender solamente productos hechos en Panamá, ¿por qué?

Tenemos cosas hechas en Venezuela, Colombia y demás. Pero decimos que somos una tienda de diseño enfocada en lo nacional porque Panamá está demasiado ‘cool’, hay gente con mucho talento esparcida por allí. No tenían un lugar donde estar. Nos hemos convertido muy orgánicamente en la vitrina del talento nacional.

Hay cinco razones para comprar productos locales, sacamos toda una campaña, una de ellas es económica; todo el dinero se queda en Panamá y va a los bolsillos de los creadores. Cada vez que tú compras algo de una marca de afuera, 60 centavos se quedan en el país y 40 en Panamá.

También tiene repercusiones ecológicas y se promueve el emprendimiento, pero más que nada es el tema económico; que el dinero se quede en Panamá.

Super Mini Diablo Rosso también tiene productos propios, como las tablas para picar y los bolsos con frases. Las cutarras son de San7é.

Cuando hablas del tema ecológico, ¿a qué te refieres?

Marcas como Amazilia, por ejemplo, que trabaja con ingredientes naturales. Usan menos transporte porque sus insumos están cerca de ellos.

Algunos dirían que los productos hechos en Panamá son más caros, ¿qué responderías?

En efecto, son más caros porque están acostumbrados a productos hechos en China, por esto nuestro ‘hashtag’ es #notmadeinchina. Esto es hecho a mano por personas que viven de esto, que necesitan un margen de ganancias decente para poder vivir.

Esto no es hacer dinero de centavo en centavo porque tampoco es algo masivo, sino que es algo bien nicho. Si vendes un jabón, un collar, tú con tus manos no puedes crearlos en gran cantidad.

Esto es algo muy nuevo en Panamá y uno de nuestros roles es educar [a los compradores] que es hecho a mano, que son materiales y mano de obra de muy buena calidad porque no es hecho a máquina, porque cuando se fabrica en masa puede haber un error.

2ec029464780d2e4acf2333ae0dea693 - Michelle Khafif, por un mercado panameño

¿Te buscan o tú los buscas?

Parte y parte. Al principio sí iba a las ferias y tocaba puertas, poco a poco se fue regando la voz. Ahora me llega una media de tres propuestas en persona, y cinco por email al día.

Aquí entra nuestro rol de galería, de curar. Los tres pilares que tomamos en cuenta son calidad, originalidad y estética. 

Trato de agarrar las cosas desde que salen, veo algo en Instagram y aunque tengan solo dos posts los contacto, pero la mayoría de la gente sí viene.

¿Te ha tocado decirles a las personas que no?

Sí. Y muchas veces las mando a tiendas de regalos de amigos. No me gusta decir no y punto,  para que esa persona también pueda vender su producto y mejorarlo.

Buscamos cosas modernas. Una mola que sea usada de una forma que no haya visto. Tratamos de encontrar cosas que sorprendan y que puedan competir globalmente.

¿Qué tipo de clientes reciben?

Desde niños, jovencitos, mamás, abuelas. Ellas son las mejores porque llegan diciendo “¡wow! He esperado toda mi vida por algo como esto”.

Imágenes del puesto que llevan al mercadito pop-up, en Panamá Pacífico.

¿Te sorprendió ver que son los jóvenes los que están tratando de rescatar tradiciones como la de hacer cutarras?

La verdad es que no, porque ese es el rol de los jóvenes, innovar. Ahora mismo en Panamá estamos esperando una nueva etapa cultural.

Los jóvenes ven el trasfondo de lo que estamos haciendo porque por fuera somos una tienda linda, bien organizada, pero en verdad somos un movimiento,  una plataforma para iniciar una conversación no solamente para consumir lo local, sino también para explorar sobre lo que es ser panameño.

Es interesante agarrar estas tradiciones y darles un giro, como los chicos de San7é, que son santeños; ellos dijeron “esta tradición de mi provincia se está perdiendo” y decidieron venir a la capital con esa idea [presentar las cutarras de manera diferente].

Nuestra generación es la que debe crear; si no somos nosotros, ¿quién?

 

 

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