Un cuello en V que no termina y una figura libre de sostén. Amy Adams, en el papel de Sydney Prosser en American Hustle, ríe, llora y se transforma fuertemente apoyada en el diseño de vestuario de Michael Wilkinson.

Nacido en Australia, el diseñador ha impactado la moda del momento, con su mirada de los años 70. No solo llamó la atención el vestuario en el filme, sino que también ha inspirado lo que las mujeres eligen vestir en su día a día, y hasta las alfombras rojas de los premios de cine, como sucedió en los Globos de Oro.

 

Los vestidos que lucen las actrices en esta escena fueron creados especialmente para la película.

 

Wilkinson cuenta en  entrevistas que se tomó este trabajo como un proyecto de investigación. Estudió revistas de la época como Cosmopolitan, Vogue y Playboy, fotografías caseras, vio películas que se filmaron entonces, como Saturday Night Fever y Goodfellas, y revisó lo que hacían los diseñadores del momento, como Halston, Diane von Furstenberg y Christian Dior. De hecho, en la película se usaron algunas piezas vintage de estos diseñadores. Recorrió, según dijo a Hollywood Reporter, las tiendas de ropa vintage desde la costa este a la oeste de Estados Unidos, buscando piezas que lograran captar lo que quería para sus personajes, sobre todo las pieles.

Aquello que no encontró o que no lograba encajar con lo que tenía en mente, lo diseñó y se confeccionó especialmente para la película, como el traje blanco de Jennifer Lawrence y el de lentejuelas de Amy Adams.

“Las ropas eran menos estructuradas”, dijo a Daily News, “se trataba de sentirse cómodo en tu propia piel y caminar erguido”.

Sin sostén y con alargados escotes V, es el estilo que marca la sofisticación del personaje de Amy Adams.

 

El encanto del trabajo de Wilkinson en este filme, y parte de la razón por la que ha hechizado a las mujeres,  es que retomó los 70 de una manera inesperada, y no la trillada.

“Parte de mi estrategia para profundizar en la sensación de la época para la audiencia fue realmente explorar las telas, ir más allá del cliché del poliéster y los dobles tejidos, y presentar el espectro completo de alternativas de texturas en toda su gloria sensorial: terciopelos, sedas y pieles juegan un papel tan importante como los sintéticos en capturar ese mundo”.

 

Algunos textiles son casi transparentes, y libradas de sostén, las actrices se mueven como gatas, sensuales, erguidas y desbordantes en este ajuar de los 70.

Wilkinson en diferentes entrevistas hizo hincapié en que el éxito  del vestuario fue la confianza con la que lo llevaron los actores. Los personajes fueron la verdadera inspiración. “Se visten como la persona que aspiran ser”, insiste.

Jennifer Lawrence interpreta a una esposa que vive en los suburbios, y pasa de las sudaderas de terciopelo a la sensualidad en salidas nocturnas.

 

Así las actrices se pusieron rollos en el cabello para lograr el volumen de la época (también Bradley Cooper se los puso), se colgaron aros dorados de orejas y de muñecas (todos los accesorios en la película son vintage), y los trajes wrap-around, como los icónicos de Diane von Furstenberg, fueron piezas clave para el personaje de Amy Adams.

La manicura roja y muy brillante, como aquella de la que presume  el personaje de Jennifer Lawrence, es de rigor. Su estilo va de las sudaderas de terciopelo que usa en casa -es una ama de casa de Nueva Jersey – al jumpsuit de estampado felino que se pone para picar los celos de su  esposo en las salidas nocturnas.

Mientras que el personaje de Amy Adams, que se transforma en Manhattan con recursos que antes no tenía, busca proyectarse muy sofisticada.

El diseñador de vestuario dijo al New York Times que lo que le encanta estudiar son “las elecciones que la gente hace cuando se viste y el mensaje que envía al mundo, tanto consciente como inconscientemente, me importan profundamente. Tengo una pasión y una fascinación por la manera en que las personas se proyectan”.