El efecto de la duquesa de Cambridge sobre cada pieza que viste es poderoso. Apenas llegó a Nueva Zelanda y luego a Australia, en un viaje de tres semanas junto a su esposo el príncipe Guillermo y su bebé el príncipe Jorge, las cámaras no han dejado de seguirla, y la caja registradora no ha dejado de sonar para las marcas que eligió vestir.

Kate se ha mantenido fiel a uno de sus principios de moda: Proyectar elegancia pero sin sensación de lujo ni opulencia. Esto lo logra repitiendo vestidos, enfocándose en trajes de tonos neutros, y llevando tacones cuña (prácticos, cómodos y en tono nude, su color favorito en los pies).

El traje wrap de estampado azul marino y blanco de Diane Von Furstenberg que vistió en Nueva Zelanda, se agotó en cuanto corrió por el mundo su foto. Lo mismo ocurrió con el traje de encaje Zimmermann, que cuesta alrededor de 500 dólares en internet.

Se rumora que solicitó vestidos a diseñadores australianos pero que los devolvió sin haberlos usado.

Lo que sí es cierto es que ha lucido tres vestidos de su marca favorita, Alexander McQueen, que diseñó su vestido de novia.