7fc54112454aee3072319b62ddf03c1c - Rayos X milenial: así viven y así son

Toda una narrativa se hilvana en torno a los mileniales. Se les atribuyen singularidades épicas y deficiencias que han sido ampliamente discutidas y criticadas. Se dice que son frívolos, le huyen a las responsabilidades y que su mundo se desarrolla en una burbuja digital. ¿Habrá algo de cierto en esto? Lo que es innegable es que se trata de un grupo demográfico incomprendido por la mayoría.

Es común escuchar el adagio de que todo tiempo vivido es mejor que el presente, una premisa que las generaciones previas abrazan con convicción plena. “En mis tiempos las cosas eran diferentes” o “mi época era mejor”. Lo primero es indiscutible; lo segundo es relativo.

Conversamos con Jessika Malek de Boza, de la firma de consultoría Deloitte Panamá, que por sexto año consecutivo ha publicado los hallazgos de un estudio global en torno a esta generación. Al hablar con ella, lo primero que salió a relucir es que los mileniales de hoy no son los mismos de quienes hablábamos cinco años atrás. “El milenial ha crecido; no se mantuvo estático en el tiempo. Ha madurado, en algunos casos ya son padres o madres, y tienen responsabilidades”.

Producto de los tiempos

Para lograr una aproximación a los mileniales, lo primero es recordar quiénes los criaron y en casa de quiénes vivieron. “Son hijos de los baby boomers más jóvenes o de la generación X más viejita”, explica Jessika. “En otras palabras, nosotros educamos a los mileniales diciéndoles que el cielo es el límite, tú lo puedes todo, edúcate, prepárate, sé un entrepreneur, busca hacer tu propio horizonte. Ellos tomaron conciencia y sacaron ventaja de la educación que se les dio”, elabora la profesional.
Por otro lado, vivieron el apogeo de la revolución tecnológica. “El acceso a la información crea mucho la necesidad de que todo tiene que ser ya”, detalla, y eso desencadena en el poco desarrollo de la paciencia.
A los Y, como también se les conoce, se les achaca falta de independencia. Según el Pew Research Center, en Estados Unidos el 36% continúa compartiendo techo con sus padres, pero no porque les falten ganas de hacerlo, sino porque el precio de independizarse hoy  es mucho mayor que antes y los salarios rinden menos.

Diferencia de valores

Aunque el tema económico tiene un impacto en la vida de los mileniales, en los países latinos entra en juego el factor práctico. “Graciosamente, si le preguntas a un milenial que por qué vive con sus padres, y me he tomado la molestia de hacerlo, responde que por qué no hacerlo si no los han sacado de la casa”, relata Jessika.
Eso tira luz a las diferencias entre ambas generaciones. “Los mileniales no ven ni tienen los mismos conceptos de lo importante que puede ser independizarse, porque sus padres les dijimos que estaba ‘ok’ que se quedaran con nosotros. A nosotros nos habían dicho que la independencia era importante para sentir que lograste algo y tal vez ese no fue el mensaje que le mandamos a la siguiente generación”, puntualiza.

El trabajo como un fin

En el ámbito laboral, el trabajo fue una herramienta para obtener lo que estaban buscando, llámese educación, llenar necesidades, ganar un salario para hacer viajes, etc., porque eran jóvenes y en muchos casos emprendedores. “El milenial de hoy ya es diferente”, detalla Jessika. A diferencia de lo que se les atribuye a los mileniales en cuanto a que rotan mucho en los puestos de trabajo, ahora ya no buscan salir de un lado para el otro. “Han aprendido mucho, se sienten más enganchados, y por otro lado las organizaciones han hecho cambios importantes en la manera que operan para atraer y mantener esa fuerza laboral”, que se estima que para el año 2025 será el  75%, revela Jessika.

Son sociales

Y mucho, aunque la definición de esta palabra no sea como la recordemos de nuestros tiempos. El 88% de los mileniales latinoamericanos tiene cuentas en redes sociales, un aspecto de suma relevancia en su forma de interactuar con los demás. Consultar, compartir y comentar en aplicaciones como Snapchat e Instagram son las principales actividades para las que usan sus teléfonos celulares.

Y por supuesto, digitales

Según AdReaction: Marketing in a multiscreen world, de Millward Brown, un milenial dedica en promedio alrededor de 7 horas al día para conectarse online, utilizando múltiples pantallas digitales con mucha destreza. ¿Cómo no hacerlo? Son personas que han usado tabletas casi desde que nacieron y es una generación que no recuerda la vida sin celulares.
El dominio de la tecnología pareciera incorporado a su ADN, y casi todo lo hacen con una pantalla de por medio: la realidad y la virtualidad son casi sinónimos. Prefieren internet a las televisiones convencionales (el 59% por internet comparado al 46% por televisión).
Su vida es móvil y su entrada principal a la red ya no es una computadora, sino una pantalla móvil. Según un estudio difundido en 2014 por la Telefónica Global Millennial Survey, el 78% de los mileniales en Latinoamérica posee un teléfono móvil (10% más que el año anterior), el 37% posee tableta, el 70% una laptop y el 57% un desktop. Tres años después, esas cifras seguramente han fluctuado.

Para la generación Y las pantallas son el medio a través del cual socializan, trabajan y se relajan, integrándolas por completo a su vida cotidiana.
Son adictos al móvil, sienten la necesidad de una constante conectividad y el 45% admite que no podría estar un solo día sin su smartphone. De ahí se ha popularizado el término Nomofobia, una dolencia que se caracteriza por una sensación de ansiedad que padecen las personas cuando se les queda sin carga el celular.