e3b06ad4724a4b43f3fc717bd63dcadc - Eugenio Caballero y el mundo visual en Latinoamérica

El recinto estaba en total oscuridad. Solo se iluminaba por el reflejo de una proyección en el escenario que era acompañada por una voz masculina de acento mexicano. No se veía a la persona. En pantalla se mostraba una escena de la película El laberinto del fauno. La voz explicaba cómo había decorado esa escena en donde aparece una niña con un monstruo en medio de un festín.

La voz provenía del director de arte mexicano Eugenio Caballero, quien en ese momento dictaba el taller “Dirección de Arte: la creación de mundos visuales”, como parte del programa del Festival Internacional de Cine de Panamá. Estaba sentado. A su lado estaba la directora artística del festival, Diana Sánchez.

Ante un público joven, interesado por el cine y entusiasmado por ver y escuchar en persona a un latino triunfador en esta industria, Eugenio compartió en detalle su trabajo. Mostró el set real de 300 x 200 metros que diseñó (y se construyó) para la película The impossible, sobre el tsunami en Asia, así como la paleta de colores que usó para las escenas del thriller  The Limits of Control, o cómo combinó lo digital con construcciones reales y en miniatura en el filme de fantasía Un monstruo viene a verme.

Las producciones en las que se involucra son muy distintas una a la otra (en trama y género). Diseñar el set es lo que más le gusta. En una película, su trabajo como diseñador de producción comienza mucho tiempo previo al del director de fotografía.

El mexicano ganó en 2007 un Óscar a mejor dirección de arte por El laberinto del fauno. Tres años antes se había encontrado en Cali, Colombia, con Guillermo del Toro, director de la cinta, quien le presentó el proyecto. Unos meses más tarde se reencontraron. Eugenio había creado una especie de cuaderno de trabajo con recortes de imágenes de cómo se imaginaba las escenas. Una foto del cuaderno y su peculiar contenido se mostró en la presentación de esa tarde en el teatro Anita Villalaz. Dos días después, en unos siete minutos de entrevista, respondió estas preguntas:

¿Qué es lo que identifica a Eugenio Caballero en cada película?

El trabajo de dirección de arte es muy complejo porque en el momento en el que quieras dejar una huella tuya entonces le estás fallando a la historia. Mi legado, en ese sentido, es siempre sumarme a la historia. Por eso mis pelis son muy distintas la una de la otra. Creo que lo que me distingue, por un lado, es el rigor con el que hago las cosas, y después, por las ganas de experimentar con nuevas tecnologías.

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Escena de El Laberinto del Fauno.

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Eugenio trabajó como director artístico en el filme The impossible

¿Cuáles eran sus sueños o fantasías cuando era niño?

Había muchos. Casi siempre estaban relacionados con los viajes, mucho con la imagen en general, pero la idea de viajar era algo que siempre me llamó la atención. De viajar y de conocer otras culturas, de conocerlas más intensa y profundamente. Siempre me ha gustado la diversidad en la cocina, por ejemplo, o en los distintos países, o el sonido de los idiomas; todas estas cosas me llevaban a mundos que me interesan. Una de las cosas más bonitas de mi oficio es que al final te lleva durante largo tiempo a muchos países y conoces gente de distintas clases sociales del lugar adonde vas, y acabas teniendo un panorama muy interesante de lo que es la sociedad.

Entonces, ¿absorbe todo?, ¿siempre tiene todos los sentidos abiertos?

Eso trato. Me gusta mucho ser esponja, a veces también me canso, a veces tengo que cerrarme. Siempre estoy pendiente de lo que veo, escucho, de lo que como, de lo que huelo. Ahí están las fuentes y las simientes de lo que es mi trabajo.

Mezcla la tecnología con el trabajo manual, ¿qué porcentaje le da a cada uno?

Depende del proyecto. Mi filosofía es que cada reto o cada nueva aventura tiene sus propios códigos, y las vas a ir descifrando durante el camino. No pongo un porcentaje de cuánto quiero usar cada una de las cosas.

Hay mucho talento en dirección de arte en Latinoamérica. Los latinos se están posicionando en esto…

Por un lado, para nosotros hacer cine en Latinoamérica, más que una cuestión industrial, es un modo de vida, porque lo tienes que hacer con tal pasión porque si no, no te explicas por qué estás aquí. Es difícil hacer cine, hay muy pocas películas para tanta gente que está queriendo hacer cine. Entonces, hay una pasión muy grande, un pulso muy grande para hacer el cine con todo el corazón. Por otro lado, nosotros tenemos no solo la dirección de arte, creo que también son los directores de fotografía; hay una gran tradición visual en Latinoamérica, una que se ve en la artesanía, en los paisajes, que se ve en todo eso, y al final eso se acaba reflejando [en el trabajo cinematográfico].

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Escena de Un monstruo viene a verme

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The Limits of Control

¿Qué es lo que le atrae  para decir  ‘sí’ a un proyecto?

Que me rete, que sea algo que no haya hecho antes. Que me atrape y me conmueva.

En un futuro, ¿considera que la tecnología seguirá combinándose con lo manual?

Sí. Siempre se va a necesitar el pintor que te de el último toque. Al final el lápiz se combina muy bien con el Photoshop.

PERFIL

Acaba de terminar una película en México que le tomó un año de labor. En Un monstruo viene a verme, su trabajo como director de arte le tomó un año y tres meses. Ganó este año un premio Goya por esta película.  Fue el director artístico del espectáculo Luzia, del Cirque du soleil (que le tomó hasta dos años, uno con dedicación exclusiva). Fue uno de los invitados especiales del Festival Internacional de Cine de Panamá, que culminó a principios de este mes.