Felipe VI se alzó hoy como rey de una España en crisis y al frente de una Casa Real con una imagen deteriorada. No obstante, su personalidad, preparación e proyección, lo convierten en un fulgurante rayo de esperanza y frescor para España y la monarquía española.

La nueva pareja real de España saluda desde el balcón del palacio real.

Se le considera el rey mejor preparado de la historia de España, pues además de haberse educado a nivel universitario (con maestría en Estados Unidos), y de pasar un año en cada uno de los estamentos de las fuerzas armadas del país, a sus 46 años, lleva más de dos décadas represantadno al país en actos nacionales e internacionales, como la toma de posesión de los presidentes latinoamericanos.

Su padre, Juan Carlos I, abdica en su favor, aquejado por problemas de salud y luego del escándalo tras fracturarse la cadera mientras cazaba elefantes en África. Aún así, hoy analistas políticos y diputados recordaron que al rey Juan Carlos el país le debe la república y la democracia.

Juan Carlos I besa a su hijo tras ser proclamado el nuevo rey de España.

El acto que convertía a Felipe VI en rey, no se llamó coronación, sino proclamación, y constaba de tres ceremonias que se llevaron a cabo con mucha discreción, sin invitar a ninguna casa real europea. Se manejó como un asunto íntimo de España, y con la sencillez que exige la crisis.

Ayer el rey Juan Carlos abdicó en una ceremonia donde se le vió muy emocionado.

Hoy en la mañana, en la intimidad del palacio de la Zarzuela, y sin acceso a medios (las imágenes fueron difundidas por la Casa Real), el rey colocó a su hijo el fajín que le convierte en capitán general, y por tanto, en jefe mayor de las fuerzas armadas. A ambos se les vio con los ojos humedecidos ante este traspaso de padre a hijo.

A este acto, siguió la proclamación de Felipe VI como rey en el parlamento español, frente a los diputados, senadores e invitados especiales. El nuevo rey juró que respetará la constitución, a los ciudadanos, a las regiones autónomas. Recibió una ovación de pie de casi dos minutos por parte de los presentes. El acto fue transmitido en directo por televisión. Estuvieron presentes su madre la reina Sofía, su hermana la infanta Elena y el hijo de esta, Juan Froilán, además de sus tíos, las infantas Margarita y Pilar, y Constantino II de Grecia y su esposa. A este evento no asistieron ni su padre, para dejarle el protagonismo solo a su hijo, ni su hermana la infanta Cristina, que se encuentra imputada en un caso de corrupción.

Felipe VI recibe un beso de su esposa, la reina Letizia.

Al salir, pasó revista a las tropas españolas en el parlamento, y se trasladó al Palacio Real, desde cuyo balcón saludó al pueblo español, acompañado de su esposa la reina Letizia, sus hijas la princesa de Asturias, Leonor, y la infanta Sofía, y sus padres, los reyes Juan Carlos I y Sofía.

En todo momento se mostraron como una familia que mantiene una relación estrecha y afectuosa. Los nuevos reyes se dieron besos después de cada ceremonia; también se saludaron todos de beso al salir al balcón, nietas y abuelos, padres e hijos.