2d3fa632bc67c6432fcfc3ca3f70dbc7 - Y tú, ¿qué me estás grabando?

Meses atrás, en el salón de belleza, una clienta le contaba a la peluquera que no tenía carro. “¿Y eso?”, le respondió, sin imaginar la respuesta que escucharía: 

—¿Viste las noticias la semana pasada? ¿Viste un carro que se quemó? Ese era mi carro. Apenas logré salvar unas cosas que estaban en el maletero.

Las que estábamos allí con tinte en la cabeza, con uñas a medio hacer o los pies metidos en agua nos quedamos sin palabras.

La misma muchacha desbarató el silencio: 

— Lo peor de todo fue la gente. Gente que pasaba por allí y se detenía para grabar con su celular o para tomar una foto. No me preguntaron si estaba bien, si había un herido. Uno se bajó del carro y empezó a grabar. Me dio tanta rabia que le pregunté si era periodista o policía y me dijo como un bobo “es que en mi país no se ven estas cosas”. En serio, ¿cómo se sentirían si fuera su carro? 

Esa historia quedó en mi cabeza paseando. ¿Las ganas de compartir en redes sociales nos ha vuelto insensibles? Hace unas semanas la recordé cuando un hombre se lanzó desde un puente en San Miguelito y murió. Panamá se enteró gracias a que varias personas lo grabaron con su celular. 

¿No hubo tiempo de hacer algo? ¿Nadie pudo ayudarle? Pero sí hubo tiempo de buscar el teléfono y encontrar la cámara -a mí me cuesta- y filmar los angustiantes últimos segundos de esta persona.  

Por supuesto, estos videos fueron como pan caliente de pantalla en pantalla. Asimismo las críticas de “¿cómo es posible que compartan eso?”, “no puede ser”, “desconsiderados”, llovían. 

Hace poco ocurrió otra tragedia: 18 personas fallecieron en un bus con trabajadores que viajaba desde Bocas del Toro a Chame. 

Enseguida se empezó a compartir la noticia por redes sociales. Pero pocas horas después, por esas mismas redes, empezó a crecer un movimiento: uno que pedía no compartir fotos del accidente, sobre todo de los fallecidos. 

Es necio negar que el mundo ha cambiado. Sí, la gente siente prisa por estar en contacto y contar lo que ve y lo que hace. Eso no es un crimen. Pero en ese afán no podemos perder la empatía, el respeto y la sensibilidad, características propias del ser humano.

El dolor de otros es mucho más que una foto para sumar a los memes de nuestro grupo de Whatsapp. Vamos a preocuparnos primero por las personas y después por tomar la foto, ¿no?