Columna Por la Sombrita de Revista Ellas. Escrito de Roxana MuñozAhí, más o menos. Esa es la clásica respuesta del panameño cuando le preguntan ¿cómo está? Sé que justo en este momento, en señal de desaprobación, mueven la cabeza los motivadores, los coach y gurús del bienestar que me leen.

‘Mal, pero tú no tienes la culpa’, ‘Podría estar peor’, ‘Al menos estoy vivo’, ‘¿Qué te puedo decir?’, ‘Dándole’, ‘Aquí en la lucha que es mucha’… son otras expresiones, ‘primas de más o menos’,  que saltan del sombrero ante la pregunta aquella: ¿cómo estás?

¡Qué pasa! Hay que contestar: ¡estoy bien, estoy vivo!, ¡muy bien! dicen los embajadores del optimismo. Lo dicen con alegría, pero a la vez te están regañando.  Yo les doy la razón, ¡no en que te regañen!, pero también creo que eres lo que piensas; que tus palabras te definen.  Apoyo 100% contestar de forma positiva y entusiasta. La mayoría de las veces.

Por supuesto, hay expertos en desanimarte con su saludo. Te abruman con todo lo malo que está pasando, no solo a ellos. Si no al mundo. Tampoco así.

Bien. Esa es mi respuesta cuando alguien me pregunta ‘¿cómo estás?’. Ni la pienso.  Me enseñaron a lavar la ropa sucia emocional en casa.   Y con el tiempo llegué a la conclusión de que  muy poca gente, en realidad, quiere saber cómo uno está. Lo preguntan por preguntar. Pura cortesía.

Una respuesta honesta da miedo. O a veces quita las ganas de comer si quien te responde empieza a contar: ‘Mira, estoy con un nacido que no sé cómo extirparmelo’.

Respuestas más desnudas como: ‘mi hijo perdió el año’, ‘mi esposa me dejó’, ‘no sé que hacer con mi vida’ son petardos inesperados.  Espérate, espérate… Yo solo quería saludar, cumplir con un simple protocolo social. No quedar en un ‘hola’ a secas.

Pero en estos días de pandemia y ansiedad estoy planteándome seriamente dejar caer la máscara.  La sinceridad es importante. Es mejor. ¿No?

Con esa ideas respondí a una conocida que en un chat me preguntó, hace unos días:  ¿Cómo estás? Cambié bien por: “estoy aquí un poco cansada, estresada porque no he terminado mi trabajo y la casa quiere volar…”. Ella guardó silencio, antes de enviarme un largo audio diciéndome que no estuviera así, que el sol sale para todos, al menos tengo salud, al menos tengo trabajo, tengo una bella familia…

Me sentí peor.

Sé que esta persona me habló desde su corazón, su intención era animarme. Pero, a veces lo único que se necesita es un poco de empatía. ‘Te entiendo’, ‘También me pasa’… No hay que correr a poner una curita emocional o a restar importancia a las preocupaciones de los demás porque ellos  ya se sienten mal por ellas.

Claro que me culpo por lamentar tener mucha ropa para lavar, cuando hay quienes no tienen ropa que ponerse.

Al final, solo quería decir que no tenemos que fingir que todo está bien, cuando no lo está. Y que si alguien nos expresa su verdadero sentir podemos escuchar sin juzgarle. Mañana será otro día para sentirse mejor.

PD. Días después aquella persona me volvió a chatear para saber cómo estaba yo. Le dije: ‘bien‘. Y ella se quedó contenta.