36e6daa80c0b67b39e4f054e92e94d2b - ¿Y la chicha?

Tengo un amigo al que no le gusta para nada lo dulce. Me parece que a veces le hace falta. Sin embargo, lo he sorprendido ordenando en panaderías una malteada. ¡Con lo dulcísimas que son!
Me parecía muy raro. Un día me contó que cuando era niño, en Veraguas, su mamá lo llevaba a hacer mandados a Santiago. Tenían la plata medida, pero siempre le compraba una malteada.

Entendí todo. En un santiamén recordé las tantas veces que mi mamá también nos llevaba a hacer mandados: al centro de salud de Parque Lefevre, a la policlínica de Calle 17 o a la bajada del Ñopo, cerca de avenida B. En ese caminar siempre había una pausa para entrar a una refresquería y comprar una chicha.

Extraño las refresquerías. Creo que hasta la palabra se ha perdido. Se cayó debajo de la cama y nadie se acordó de recogerla. Lo que pasa es que ya no quedan lugares que puedan llamarse así, porque una refresquería que se respete tenía variedad de panes dulces, cañones, corbatas, rosquetes, empanadas y pastelitos, pero también tenía un amplio menú de chichas colgado en la pared: tamarindo, guanábana, arroz con piña, resbaladera, avena, naranja, nance, marañón, tutti frutti (culei) y otras más que se me olvidan.

Quiero hacerles una pregunta: ¿en su casa comían con chicha? En mi casa no siempre. Mi mamá la preparaba para ocasiones especiales o cuando mi papá se lo pedía, por lo demás acompañábamos la comida con agua. Sí, sí, en mi época había sodas, pero no era costumbre tenerlas en la mesa, al menos no en la nuestra.
Cuando iba a la tienda en Panamá Viejo, muchas veces me encontraba con clientes preguntando por culei para hacer una chicha; costaba como 6 centavos. También para hacer duros.

Sabemos que las sodas han reemplazado a las chichas. Que en muchas casas no hay para la chicha, y me refiero a que no hay plata, pero a veces tampoco hay tiempo para hacerlas. Por eso las bebidas artificiales se hicieron un campito allí.
Antes, en todos los eventos [entonces ni se llamaban eventos]: refrigerios, viernes culturales, cumpleaños en casa, tardes criollas y ferias familiares, había chicha. Hasta en los recreos de la escuela. Y había en la calle chicheros. Ahora, cuando se acaba la feria o la patronal lo que queda en la calle son cientos de botellas plásticas, como un mar de polietileno.  La chicha se convirtió en otra cosa del pasado, algo vintage. ¡Susto!
Tantos recuerdos me han dado sed, pero de chicha.