Melissa Leyton. Por la Sombrita
Esta mañana, mientras caminaba hacia el trabajo, me topé con un letrero en la puerta de un edificio en el que más o menos se leía esto:  “Señores propietarios, por la seguridad de todos, verifiquen dejar la puerta cerrada. No abran ni dejen pasar a desconocidos”.

Se me ocurrió la idea de hacer unos letreros con mensajes parecidos y ponerlos a la venta, ¿no les parece? La misma situación se presenta en casi todos los edificios.

Las personas, por descuido  y por andar dizque de buena gente, abrimos la puerta o se la sostenemos a cualquiera. ¿Es el vecino?, no sabemos. ¿Será un ratero? Bueno, ahí ya lo dejamos pasar. 

Otro letrero que se me ocurrió podría  vender con éxito entre los administradores de edificios es: “¿Qué le cuesta? Use una bolsa de basura”.

¿En qué idioma hay que pedir que la basura se deposite en bolsas de basura? ¿Tan difícil es? Los cartuchos de la tienda de ropa no son para eso; la cajeta donde vienen los pañales desechables, tampoco; las bolsitas de  supermercado, menos. Esas últimas son las peores. No me vengan conque están reciclando. Esas bolsas se rompen y la  basura se sale y huele por todos lados.

Al que me compre los dos primeros letreros le regalaré este otro para ponerlo a la entrada del edificio: “Si está moroso no puede usar el elevador”. Los ascensores necesitan de afinación y reparaciones, así que los que no pagan no pueden beneficiarse de su uso.  Eso cuesta.

Muchos propietarios, si tienen que recortar gastos, empiezan por atrasarse en el mantenimiento de su edificio. Y hay quienes alquilan su departamento y, muy frescos, hay que decirlo, también se atrasan con las cuotas. Pero correrían a pagar si su inquilino les llama para quejarse porque no pueden usar el elevador.

Comprar una propiedad es una inversión, pero cuando se hace en un edificio se tiene más responsabilidad.
Lo que uno hace o deja de hacer repercute en el resto. Desempolvemos la regla de oro: trata a los demás como te gustaría que te tratarán.