f8908cf3614ce40a4822369791ea8207 - Ve tú adelante

Ve tú adelante.
— No, qué va. Ve tú.
— No, tú.
— Tú, tú, tú.

Esto parece una pelea de chiquillas de 12 años, pero no lo es. Es una discusión entre amigas que siempre ocurre minutos antes de subirse a un automóvil compartido. Recordemos que los niños se pelean por sentarse en el puesto de la ventana, y se pelearían por ir adelante en el puesto del copiloto si los adultos les permitiéramos eso que ellos consideran un privilegio, pero que a su corta edad es un riesgo. Ellos, claro, no lo saben.

Lo que hace peor esta situación, la de la pelea, es que la mujer que va a manejar observa frente a sus narices cómo las demás, sus amigas, sus casi hermanas, se pelean por no sentarse junto a ella.

Ahora dígame usted, ¿por qué no se quiere sentar adelante? Mis amigas tienen cientos de excusas. Bueno, en verdad tienen como cinco, pero suelen usar dos. La más aceptable es que están cansadas de manejar, están agotadas de ir al volante, estresadas, así que cuando pueden aprovechan para ir en el puesto de atrás. Qué alivio, dicen. La otra excusa es: “no me gusta sentarme adelante porque me aprieta, incomoda y me molesta el cinturón de seguridad’.

Por suerte, o por desgracia, vivimos en un país donde la ley no nos obliga a usar el cinturón que tantas vidas salvaría. Si nos sentamos adelante sabemos que fijo tenemos que cruzarnos el coso ese en el pecho, aunque nos aje la blusa.

La única pelea igual de puyuda que sucede entre amigas antes de subirse a un carro es la que se desata cuando alguien pregunta: ¿y a dónde vamos? o ¿qué comemos? Allí tampoco nadie quiere decidir. “Vamos a donde ustedes quieran”, “Decide tú que la otra vez yo dije”, “Yo como cualquier cosa”. Esa última siempre es una gran mentira. Al final así son las amigas, y así se les quiere.