412982008f516929aaee42d48f71deb1 - Tumba eso y hagamos uno nuevo

Con frecuencia se hacen burlas sobre que la gente de Los Santos donde ve un palo lo quiere tumbar, que convierte un bosque en un peladero para criar ganado o sembrar. Injusto es reducir a este comentario a panameños tan trabajadores y que tanto ha hecho por el folclore y las tradiciones.

Un autoexamen permitiría darnos cuenta de que, en general, la costumbre en este país ha sido: tumba ese edificio y haz uno nuevo. Tumba todos esos árboles y levantemos una barriada.

Antes de construir cualquier proyecto la consigna parece ser: no dejes una planta viva. Y por muy bonitas que se vean las casitas, al final todo el lugar parece al mediodía un ardiente islote de cemento. Si había árboles en el terreno a nadie se le ocurre incluir su belleza y sombra, tan necesarias en este clima de fogón.
Aunque cueste creerlo, es posible dejar algo de vegetación y aprovecharla. Así lo hicieron en el hotel Decameron de playa; qué hermoso el señor corotú que da carácter y frescura a ese lugar.

En la planificación urbana de la Zona del Canal se consideró la naturaleza, se respetaron árboles y hasta colinas. Por esas características es uno de los lugares más agradables para vivir.

Entiendo que los señores promotores y constructores necesiten recuperar su inversión. Pero esos lugares valdrían más si se tomara en cuenta la naturaleza que es parte de nuestro trópico. ¿Por qué nos empeñamos en ponerle una manta de cemento y sofocarnos con ella?

Pero no solo tumbamos árboles. Restaurar, conservar,  preservar y recuperar son términos que no sabemos con qué se comen. Uno de los edificios más bellos que tenía calle 50 era la Mansión Danté. Por diferentes razones, una propiedad puede cambiar de manos y por supuesto quien la compra tiene el derecho a decidir sobre ella. Pero es inevitable sentir una punzada de dolor al ver que no queda nada de ese edificio. ¿Por qué no se pudo convertir el mismo local en  otro comercio o en varios comercios?

Detesto cuando se compara, para mal, a Panamá con otros países. Pero es verdad, hay países donde han convertido un hospital en hotel o una plaza de toros en un centro comercial. Aquí no.

Muchos lamentamos la desaparición del teatro Bella Vista y del castillo de El Millón, creo que allí todavía no se ha construido nada. Qué pena que ni siquiera algunas calles del barrio de Bella Vista se pudieron preservar.

Por un pelo de gato se salvó el Casco Antiguo. Confieso que cada vez que tengo que trasladarme hasta allá lo pienso,  pero cuando llego disfruto sus calles, su arquitectura, la manera como se mezcla la gente del barrio con los turistas.

Para conservar un lugar falta visión, leyes y voluntad de hacerlas cumplir. Creo en el progreso, en mejorar, pero hay una porción de lo que fuimos que no deberíamos poder convertir, como si nada, en escombros.

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