Por la sombrita todo pasa 9 1 1 - Todo pasa

Cuando vivíamos en calle séptima de Panamá Viejo, esperábamos con ansias que las personas empezaran a adornar sus casas con foquitos navideños.

Nuestra calle, entonces, era de piedras; todavía había casitas de madera. Muchos vivíamos alquilados. Al llegar diciembre el vecindario se ponía de fiesta. Lástima que la Navidad siempre fuera tan fugaz. O eso pensábamos los niños.

Vivíamos ansiosos. ¿Cuándo llegaría la próxima Navidad?, ¿o el próximo cumpleaños?, ¿cuándo sería verano para ir a San Carlos? Soñábamos con pasar de grado, con ser grandes como nuestros papás. Y todo eso llegó. De un quiñazo. En Panamá Viejo jugábamos con bolas de quiñar, no canicas. Nos convertimos en gente grande y descubrimos el secreto que ellos saben: ser adulto cuando tú eres uno, no es tan divertido.

Estoy aquí apurando el último sorbito de 2019. No quiero que se me acabe. Le estoy agradecida. Porque este año he tenido una iluminación: todo pasa, más rápido de lo que quisiéramos.

Recuerdo los sábados que estuve en la Universidad de Panamá y luego en la Universidad Santa María la Antigua, haciendo estudios de postgrado. Esos meses de hacer trabajos de grupo, trasnochar para las tareas y madrugar para llegar a la clase temprano me parecían interminables, pues ya yo trabajaba. Pero pasaron, hoy me doy cuenta, rápido. Valió la pena el esfuerzo.

Otra etapa que suele parecer inacabable es la del primer año de un bebé. Sí, muy tierno y hermoso. Pero levantarse varias veces en la noche, los llantos que uno no entiende, las fiebres y cólicos son agotadores. Las ojeras pueden llegar a las rodillas. ¿Será que nunca se volverá a dormir de corrido? Y un buen día eso queda atrás. Ya no hay olor a bebé en casa, ya no hay visitas al Pricemart por pañales.

Hay quienes tienen un trabajo que les quita todo el tiempo, no pueden parar, ni descansar. La familia les reclama y los amigos saben que está ocupado. Y un día eso se acaba. De repente se dispone de tanto tiempo libre que ya no se sabe qué hacer con él.

No sé en qué lugar se encuentre usted, querida lectora o lector, pero le puedo prometer que las circunstancias en las que está hoy van a variar. No se rinda, aguante. O aprovéchalas, y dé gracias, con todas sus fuerzas.