Ilustración: Melissa Leyton

Ya nos reímos de los memes; criticamos e inventamos pregones del tipo: “te pareces a un jamón de 8 dólares”. Lo oí por allí. No sé qué significa. Seguro nada bueno.

Todo empezó cuando el Instituto de Mercadeo Agropecuario anunció que se venderían jamones a 8 dólares. Confieso que creía que era un jamón de bolita de pollo, y no pensé más.

Lo siguiente que vi en la televisión fueron las imágenes de personas agolpadas, desesperadas, enojadas, empujándose en las filas por adquirir el jamón. También se escuchaban los reclamos: “¿por qué no hay fila de jubilados y embarazadas?”, “¿por qué solo puedo comprar uno?”, “¿por qué empiezan a repartir a las 9:00 a.m. y estamos aquí desde las 5:00 a.m.”?, “¿por qué no dan constancia [tipo cita médica] para que los jefes sepan que  llegaremos  tarde?”.

Los que no estábamos en la fila no podíamos creer lo que veíamos. ¿En Panamá hay tanta gente sin trabajo que puede perder todo un día en eso? ¿Por qué insultan si eso es un subsidio?, deberían dar las gracias. ¿Por qué llevan bebés a esas peloteras? 

A mí me asaltó otra duda: de verdad hay gente creativa y con tiempo libre  a la que le gusta bastante The Walking Dead. Más rápido que ligero hicieron memes, videos incluidos, con los zombis desesperados por el jamón. Otra forma de reírse de lo que estaba pasando.

Por supuesto no faltó otro sector que criticó a los que criticaban: “Clasistas, ¡cómo se ve que no saben lo que es ser pobre!”.

Dos o tres periodistas me hicieron ver que los medios de comunicación se fueron con todo a mostrar los despelotes, pero casi ignoraron los lugares donde  las personas hicieron fila de manera decente.

Como siempre,  dándose banquete mostrando la bajeza humana. Además, ¿era necesario repetir una y otra vez las escenas de las personas en el suelo, gritando y protestando?

A las pocas horas había otro grupo quejándose, y con razón: ¿Cuánto costaron realmente esos jamones? ¿Por qué no los compraron  a los productores nacionales?

Y no faltó otro reclamo más, al cual me uno: ¿Qué hacían los políticos metidos en eso? Los escogimos —sí,  lamentablemente los pusimos allí— para hacer leyes, no para politiquear.

Señores politiqueros ¿Acaso no tienen vergüenza? Con tal de seguir pelechando del Estado, o sea, de nuestros impuestos, fomentan una cultura del pedigüeñeo y del clientelismo, una cultura de “papá Estado todo me lo tiene que regalar”. Gente joven y sana ahora se queda en casa esperando su subsidio. 

Yo creo en la solidaridad y dar una mano a quienes lo necesitan más. Creo en apoyar a personas desamparadas,  creo en becar a niños y jóvenes que se esfuerzan en sus estudios, pero esto de invertir 3 millones de dólares en jamones para repartirlos a tutiplén no creo que sea una auténtica ayuda.