Melissa Leyton

 

Nos fuimos a la cinta costera a coger fresco, como dice mi mamá. Como siempre, nos costó llegar a los estacionamientos, no sé si porque la señalización no es buena o porque somos muy malos leyendo letreros. Tal vez las dos cosas.

Dejamos el carro justo frente a la pista de patinaje. Sí, en la cinta costera hay una, o por lo menos había durante diciembre. 

Empezamos a caminar y enseguida sentimos la diferencia. Qué rico la brisa, el aire fresco, la vista del mar. Me encantó ver a gente tan variada y distinta. Sí, porque seamos honestos, hay lugares donde ves solo un tipo de personas, pero aquí va Raymundo y todo el mundo, feliz. Me gusta pensar que eso es Panamá, un sitio donde todos podemos convivir.

Pronto me di cuenta de que estaba en un escenario propio para una película. En una esquina estaba una quinceañera con un vestido lleno de ruchas posando para unas fotos. En otra esquina había una embarazada, pancita afuera, posando también para otras fotos de recuerdo.

Avanzando un poquito vimos un muro lleno de parejas, quité la vista no por mí, sino por ellas. Sentí que estaba metiéndome en su intimidad. Allí estaba un vestigio del parque Anayansi.

Nos salió al paso un señor sacando fotos instantáneas. Nos tomamos una. Y también se nos acercaron unos patinadores regalando chocolatitos para promocionar.

En algunas áreas verdes había familias sentadas, cual si fuera un picnic. Había muchos niños en patines, bicicletas y otros vehículos de juguete.

Todavía recuerdo cuando la gente se debatía si debíamos llamarla cinta o avenida, como la avenida Balboa, que fue suplantada por esta megaconstrucción. 

Me encanta la cinta costera y creo que fue un gran proyecto para Panamá. Al fin un lugar donde te puedes sentir cerca del mar; para eso antes tenías que ir al Causeway. 

Por supuesto, más satisfacción me daría tener claro cuánto costó en realidad este proyecto. Lamentablemente, no soy de ese nuevo pensamiento que tanto escucho por allí, de que no importa si los gobernantes roban si nos dejan obras. No cofundamos la magnesia con amnesia.