180218a739c8f168cbe52df416a220be - Ojos de madre para hijas ajenas

Dos mujeres que admiro son la pintora Frida Kahlo y el personaje de historietas Magola, la de las piernas peludas. Pero no tengo el valor para llevar las cejas como la primera ni las piernas como la segunda. Por eso me pongo en manos de la señora Nelly, que atiende en el salón de belleza de enfrente. Aquí en la oficina muchas aprecian su habilidad para depilar. Saber que se va de vacaciones nos deja con los pelos parados de la preocupación. 

Hace unos días le hice la visita y cuando ya me había dejado en buena forma la primera ceja se detuvo para preguntarme: “Roxana, tú que eres una periodista,  que escribes y todo eso, ¿qué piensas de ese programa que están dando?”. 

La señora Nelly es una dama, pero esta vez se me fue ofuscando con pinza en mano y cera caliente a un lado. ¿Qué objetivo había en encerrar a esos muchachos en una casa y que los demás los viéramos por tres meses?  Me hablaba del show de Big Brother, que se ha presentado en al menos 70 países desde 1999. La escuché con atención, aunque con algo de susto por mi otra ceja.

La convivencia es difícil, más si es con extraños, ¿porqué creen que dicen que las visitas, como el pescado, a los tres días apestan? La intención de este show creo que es mostrar eso.

Pero a  la señora Nelly le preocupaba que los más jóvenes, incluso niños, estuvieran viendo un programa que hasta donde ella entendía solo tenía como fin ver quién quedaba con quién en un, digámoslo así,  intercambio de fluidos. Nada de manitas sudadas. “Ni tema de conversación tienen”, me dijo ella, y hasta lamentaba que para eso le quitaran la telenovela El Sultán. Al parecer el programa tiene tintes de maratón. 

Con el paso de las años nuestros ojos miran de otra forma todas las cosas, sí, con patas de gallina extra, pero además miro ahora con ojos de mamá de Gabriela.

Y por eso ahora me sorprendo pensando: “¿Qué hago si a mi hija le da por audicionar para eso?”. Casi olvidaba decirles que de donde la señora Nelly salí con las cejas bien acicaladas, pero mientras pienso cómo será el futuro que le tocará vivir a Gabriela, cuáles serán los realities shows que estén de moda cuando crezca, qué harán las televisoras por ganar nuestra atención, ella está como si nada: intentando dar galleta a su dinosaurio favorito. ¿Les he contado que le encantan los dinosaurios? Ese cuento lo dejo para otro día.