28agossombri00 - Lo que el virus nos dejó y ojalá se quede

Hace unos días necesité mi numero de identificación tributaria, el NIT. Años atrás me lo dieron después de completar un formulario vía email. Corrí a la página web de la Dirección de Ingresos por auxilio. En principio el sitio no me pareció tan amigable como yo esperaba. Me  tomó un tiempo averiguar dónde podía hacer una consulta y ocurrió una cosa maravillosa, todavía se me eriza la piel:  Entré a un chat de atención a los contribuyentes y  me dieron un número para esperar y ser atendida.

Mientras tanto, aún desconfiada, seguí trabajando en otra cosa en mi computadora. Me levanté por un café, o a fregar un plato, y entonces escuché un pitido singular en mi computadora que me hizo volver. Sí, ¡me estaban llamando por mi número!  Hice mi consulta y en menos de cinco minutos tenía la respuesta.

Me sentí feliz y a la vez frustrada. ¿Por qué antes no se hizo esto? Si no viene este jinete del apocalipsis seguiríamos en el oscurantismo de la atención al cliente.  Hace dos años escribí en este mismo espacio la columna  Cinco horas en la DGI donde relaté mi experiencia en esa institución para buscar una información muy sencilla.

Ahora me ha dado miedo.  ¿Qué tal si después de la pandemia a alguien se le ocurre retroceder y volver al antiguo proceso?

Es por eso que les escribo esto hoy. El progreso de Panamá no puede seguir siendo de apariencia,  que si tenemos los edificios más altos o si nuestro producto interno bruto es envidiable.

Nuestro progreso real tiene que incluir facilitar la vida de las personas a través del uso de la tecnología. Pasamos demasiadas horas haciendo trámites en las instituciones: ‘suba aquí’, ‘vaya para allá’, ‘no eso es en la sucursal de la Tumba Muerto”. La vida se nos va en eso en vez de estar con nuestra familia, escribiendo una novela o creando una startup.

¿Cuánto tranque no se eliminaría de las calles si menos gente estuviera subiendo y bajando escalera en diferentes instituciones? A veces nada más para hacer una pregunta la gente tiene que madrugar o usar su hora de almuerzo. Esto también sería ahorrar estrés a las personas.

Sé que no puedo pecar de optimista. Todavía falta camino. Unos amigos que están averiguando trámites para casarse llamaron, hace unos días, a una notaría y la respuesta fue “venga a buscar los requisitos”. ¿En serio?

Cuando una puerta se cierra, otra se abre. La pandemia  nos encerró en la casa, pero también nos mostró qué es importante y que es posible hacer las cosas de otra mejor manera.