03c52df0122bf8599d842a93f6043896 - Las bateas de mi abuelita

Chécheres. Eso pensaba cuando veía las muchas cosas que se amontonaban en algunos rincones de la casa de mi abuelita en San Carlos. Y a veces eran chécheres con polvo. No les veía ningún valor.

No crean, por favor, que era ella una  desordenada, tampoco merecía protagonizar un programa de esos gringos donde se muestra la vida de gente que no para de comprar y de guardar cosas.

Qué va. Lo que pasaba con mi abuelita es que le tomaba cariño a las cosas y no las quería soltar.
Así, por ejemplo, si ya no funcionaba la lámpara de querosene compraba otra, pero no botaba la antigua. Esa pasaba a ser un adorno.

Más o menos ocurría lo mismo con las bateas.  Díganme que sí conocen ese platón de madera que no podía faltar en una casa en el interior. Sí, la batea. Abuelita iba acumulándolas y no se deshacía de ninguna.

La batea era de esas cosas que había en casa de mis abuelos pero no en la mía. Así que yo la miraba con extrañeza, ¿de dónde venía?, ¿por qué la usaban? Alguna vez hasta pensé que mi abuelito las hacía.

Lo cierto es que la famosa batea era un utensilio de uso diario, pues allí se expurgaba el arroz. Y hacer arroz era algo tan común que mi abuela, y seguro la suya, podía hacerlo con ojos cerrados.

En las casas del interior parece que uno se pasa el día cocinando. No se han terminado de fregar los platos del desayuno cuando ya hay que poner manos a la obra con el almuerzo, y no ha finalizado de enfriarse la sopa del mediodía cuando ya hay que correr con la cena.

Por eso tengo muchos recuerdos de mi abuelita expurgando arroz en una batea. Con qué gracia lo hacía. Ponía el arroz en esa bandeja de madera, entre más grande mejor, lo movía para aquí, para acá, sacaba las piedritas y hacía saltar el arroz, sí, como una malabarista, y lo increíble era que nunca se le cayó un granito; al menos así me parecía.

Y aun cuando con la modernidad de los años el arroz ya no traía churú y llegaba casi limpiecito, mi abuela seguía expurgándolo. Tal vez por costumbre. Tal vez por terapia.

Chechéres. Cómo quisiera volver a mirar las bateas de mi abuelita.