6567b08ed3f27100a652bd18a18e9c54 - La reina tira más que besitos

 

Hace unas semanas estuve en un lugar de Azuero. Desde muy temprano noté en las calles movimiento y preparativos. Algo se estaba cocinando para la noche. No era lechona.

Aunque yo estaba cansada de tanto ajetreo del día —hay que sacar el jugo a los viajes— cuando me avisaron que esa noche salían las reinas al parque me fui para allá. Me encantó oír la murga. Con cuánta energía tocaban los y las músicos; sí, había varias mujeres con sus instrumentos. 

Había familias y jóvenes en grupo disfrutando. Sobresalían los varones más jóvenes, vestidos de estreno, con cortes de cabello y peinados que no se hacen en un dos por tres. 

La reina de Calle Arriba fue la primera en salir. Bella con el brillo que le daba su sonrisa y, para qué negarlo, las piedras semipreciosas de su largo vestido. La acompañaba su tuna, pero entre ella sobresalían dos o tres unidades que le cantaban con el corazón y que de cuando en vez se dedicaban a despreciar a la tuna contraria con gestos e imagino que también con palabras que la música de la murga no dejaba oír.

Tocaba la murga de Calle Arriba, después la de Calle Abajo y así. Pasó un buen rato hasta que apareció la soberana de Calle Abajo, pero… ¿qué es esto? Llega a pie y… no es la reina. O mejor dicho, es la reina del año anterior. La gente se empieza a preguntar ¿dónde está la reina? Ella como si nada sigue cantando, bailando y reta con cada movimiento a la reina contraria. “Yo soy mejor que tú”, parece decir. 

Pues, “nada de eso”, gesticulan al otro lado los defensores de la otra reina.

A esas alturas ya habíamos comprado una copia de las tonadas de Calle Abajo. Las cosas que se leían allí eran para reír o para llorar. Dependía de si uno era el blanco de una de esas tonadas. 

Cuando llegó la reina de Calle Abajo se unió a su predecesora para bailar y desafiar a la tuna contraria. Movían la cabellera, decían no con el dedo índice, y aunque ustedes no lo crean, todo con garbo y donaire. Sí, las reinas también se dicen cosas entre ellas, pero sin perder la compostura. Regias.   

No me pregunten quién ganó. Para mí triunfó el folclore, la tradición de ese lugar. Entendí un poco más por qué a partir de hoy, por cuatro días, en Azuero manda Momo.