00b2fc5ad80aaa1af202dcd72548367b - Huevo chancleta

Un domingo fuimos a desayunar a El Trapiche. Eso sí se llena los domingos.  Un vistazo al menú me bastó para escoger huevos revueltos y tortillas. Casi me decido por el desayuno llamado Centenario, pero cuando leí que incluía dos huevos fritos me dije: mmm… no me arriesgo.

Pero oí clarito a otro comensal que lo ordenó, así que pensé: voy a ver de qué me perdí. Cuando llegaron los platos supe que yo había escogido bien. El plato Centenario venía anegado. La hojaldra flotaba en medio de la líquida yema del huevo. Por la cara que puso quien lo ordenó supe que tampoco se esperaba eso. 

Comer huevo parece sencillo, pero no lo es. En mi casa mis padres decían “si no hay para más comemos arroz con huevo”, y punto. 

Hice la mitad de mi kínder merendando emparedado de huevo.  No me cansaba de pedírselo a mi mamá. Mi favorito llevaba huevo frito, pero con la yema bien cocida. A veces era revuelto, a mi papá ese le gusta con cebolla, pero a mí no. Mi especialidad en la adolescencia eran huevos con salchicha, las cortaba en rodajitas. Mmmm… ya se me antojó.

Pero si quieren que salga huyendo de una mesa, preséntenme un huevo blandito, casi crudo. No puedo con eso. Pero, ojo, no es que sepa mal, es que a mí no me agrada. Hace unos días vi a una señora quejarse porque sus huevos revueltos estaban recocidos, yo los vi y me pareció que se veían bien. Ella quería que tuvieran ese juguito, ¡uf! Mejor ni pienso en eso.

Tengo una amiga que a sus tres hijos tiene que prepararles los huevos de manera diferente, porque cada uno tiene sus mañas, que si muy blandito aquí, o muy durito allá, que si revueltos, pero no tanto… 

Para gustos los huevos. Si le tienen confianza, pregunten a la persona  ¿cómo le gustan los huevos? y verán que todos tienen sus preferencias.

A mí las cosas sírvanmelas  bien cocidas. Y no me importa si me critican por eso. Pueden creer que hace unos días fui a un restaurante y pedí carne, cuando el mesero me preguntó qué terminó prefería, le dije bien cocida. Él movió la cabeza y le gritó al chef: ¡una chancleta para la mesa dos!

De ahora en adelante así pediré mis huevos: chancleta, por si las moscas.

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