8a84d2c6001296c252bf81b329ba24ac - Hombres, ¿por qué serán así?

Sé que llamé su atención.  Sí, es con usted mismo. Quiere saber si voy a hablar mal de los hombres.  Pero cuando termine usted me dará la razón, o por lo menos lo hará su esposa. 

Familia moderna es una comedia de televisión que me encanta. Ahora la veo de vicio. Gracias Netflix. Hay un capítulo viejo que comienza con Claire, la esposa, furiosa con Phil, el esposo, por supuesto. Nadie sabe por qué Claire está enojada. El mismo Phil no sabe. Y él pasará casi los 20 minutos que dura el episodio recordando qué fue lo que hizo antes, en qué metió la pata. ¿Sería porque se burló de cómo manejaba Claire? ¿Porque olvidó comprar algo? ¿Porque otra vez se le iban lo ojos detrás de la despampanante Gloria? ¿O porque se citó con una ex? Nada de eso. 

A Claire la puso furiosa que Phil llegó de un almuerzo con el siguiente cuento: “Fulanito me dijo: ‘prueba la ensalada de cogollos’, y estaba deliciosa. Deberías probarla”.

Eso fue todo. La mujer se transformó. Se le puso la mirada blanca. Se le abrió la camisa como Hulk, pero no le dijo nada al esposo del porqué. Aquí se vale que los hombres cuestionen  ¿por qué las mujeres son así? No sé, no me miren. 

Mil y una veces ella le había dicho “prueba esta ensalada, te va a gustar”. Pero él siempre decía: “paso” o la ignoraba. Pero cuando otra persona, casi un extraño, le hizo la sugerencia, enseguida dijo que sí.

Eso era tan verídico que me doblaba de la risa. No sé cuántas veces mi papá le hizo lo mismo a mi mamá. “Oye, ¿por qué no tomas vitamina C para que te resfríes menos?” o “¿Por qué no pruebas este modelo de pantalón que te queda mejor?” y a él le entraba por un oído y le salía por el otro. Pero un buen día llegaba a casa con un frasco de 500 pastillas de vitamina C porque un señor que conoció en la fila del centro de salud se la recomendó, o con aquel pantalón que tanto le ninguneó a mi mamá, porque un vendedor desconocido se lo presentó. 

Hace poco oí a una mujer contar que estuvo media hora dando vueltas por Albrook Mall buscando estacionamiento, para ir a recoger a un familar. Por más que le insistió a su esposo, el conductor, que se estacionaran en los parqueaderos pagos, él se negaba. “Muy caro, mucha plata, mucho abuso etc. etc.”. Hasta que al final, tras preguntarle a un agente, aceptó. La fortuna que tuvo que pagar fue de 45 centavos. De haberle hecho caso a su esposa habrían ahorrado tiempo y gasolina. 

¿Ven? Una les dice las cosas y no hacen caso. Pero viene un extraño, les dice lo mismo y a él si lo escuchan. ¿Por qué son así? Grrr.