por la sombrita 1024x768 - Estamos adictos al celular y no lo sabemos

Ha llegado el 2020. Seguimos aquí, quienes contamos con suerte, a pesar de todas las profecías nefastas de que el fin del mundo venía en 3, 2, 1… Tampoco hay autos voladores. No hay resorts vacacionales en el planeta Marte ni se  ha logrado la paz mundial,  por la que tanto han clamado las misses.

Sin embargo las máquinas nos han dominado. A usted también.

No son hordas de robots como en Terminator. Qué va. Tampoco son colonias de nano robots, como los borj en Star Trek.

Es algo más inofensivo y que llevamos gustosos a todos. Hablo de los teléfonos inteligentes. Ellos nos tienen a su merced.

¿Piensa que porque compró su teléfono celular, es suyo? No tampoco lo será cuando termine de pagar las cuotas. No somos ni seremos dueños de esos aparatos. Es al revés. Ellos nos mandan. No crean que estoy exagerando.

No ha notado que al ir a una cafetería o tienda los empleados están ansiosos de que usted se vaya para ellos continuar con sus teléfonos. Usted, de necio, está allí quitándoles valioso tiempo que bien pudieran usar para chatear, jugar o ver películas.

En el metro, al volante, en los restaurantes, las reuniones y hasta en las citas de novios los teléfonos son reyes. Se van acomodando y quedan en el medio de todo, muy señores.

Y hay quienes creen que todos debemos vivir así. Te desconectas una hora del teléfono y parece que el mundo hubiera colapsado. ¿Dónde estás? ¿No viste mi mensaje? ¿Por qué no me respondes?

Se da por sentado que todos tienen que estar en línea (y no de cintura) permanentemente.

Por supuesto que los teléfonos vinieron a ayudarnos en muchas cosas. Ahora no dicen que camino coger para llegar más rápido; dónde hay una farmacia cerca, según el lugar en que nos encontramos o de quién es esa canción que estamos escuchando.

A cambio nos reclaman toda la atención, todo el tiempo de ocio que nos queda. Y a veces ni tiempo de ocio, mucha gente se la pasa enganchado al teléfono durante sus horas laborables, al menos que el empleador se lo prohíba.

Y esto apenas está empezando. Tengo curiosidad, y hasta un poquito de miedo, por ver cómo seremos en treinta años. Cuánto más nos tendrán sujetos nuestros teléfonos o habremos aprendido a dominarlos.