6eac773cb171fa9344a0acf6501b52e6 - Esa plata sí es mía ¡Caramba!

Un chef me dijo una vez que las personas más importantes en su restaurante eran los meseros. “A los que cocinan nadie los conoce, y al dueño, menos; pero la gente sí ve a los meseros. Ellos son la cara de este lugar”. Y con ello quería decir que era muy importante entrenarlos, que hicieran bien el trabajo y que atendieran con esmero. Creo que falta hacer una capacitación parecida con ciertos colaboradores que trabajan en algunos bancos.

No hace mucho una vecina abrió su pequeña empresa. Fue al banco a abrir una cuenta, pero los tantos papeles que le pidieron y la forma cómo se los pidieron le hicieron entender que ella no era bienvenida allí. Mejor que se fuera a otro banco.
Qué mala experiencia. Mala suerte que le tocó un empleado tan descortés, pensé. Días después escuché a una señora quejarse porque al ir a dar un significativo abono para la compra de su autómovil le hicieron toda clase de preguntas sobre la procedencia del dinero, también en el banco. “Mínimo, creen que me lo robé”.

Aclaro que no en todos los bancos pasa lo mismo, pero sí pasa en muchos. Parece que a estos señores y señoras les cuesta mucho creer que un profesional ahorre dinero suficiente para tener una plata. Algo raro ven allí. Y seamos honestos, la verdad es que en este país se incentiva mucho el crédito y no el ahorro. Vaya usted a sacar una tarjeta de crédito para que vea cómo sacan la alfombra roja. Pero qué digo, son capaces de llevarte la tarjeta a la puerta de tu oficina.

Por supuesto, señores del banco, ustedes están en todo el derecho, o mejor dicho, deber, de pedir a los clientes y prospectos de clientes que cumplan con los requisitos que la ley exige. No nos llamemos a engaños, hay muchos vivos por allí.

Pero lo cierto es que ese mirar de arriba abajo a las personas, ese menosprecio con la gente de clase media y obreros no es bueno. ¿No que somos un país de servicio? ¿No que tenemos un centro bancario de lujo? ¿Así qué ganas tiene la gente de formalizar sus negocios? Aunque cueste creerlo, hay muchas personas que con el sudor de su frente y sin puestos rimbombantes tienen más dinero en el banco que otros que andan en saco y corbata.

Lo peor es que todos sabemos que a las personas que van con intenciones truculentas nadie les hace muchas preguntas ni les ponen mala cara.