bea31f8c8dc04ee24c25a6576d07147c - Esa es una mami

Hace unos días recibí la llamada de un técnico para unas reparaciones. Quería confirmar la dirección de mi casa.

Una vez que le di la dirección a lo panameño: “frente a la abarrotería, después de la palmita, donde está el carro flat, él me dijo lo siguiente:  “ok, mami, voy llegando”. Y colgó. 

Me dejó indignada: ¿En serio, me dijo mami? Confianzudo. ¿Qué le pasó? 

Nunca más supe de él pues en mi casa lo atendió alguien más. No me digan que llame para quejarme. Me da pavor. “Para español marque 1, para residencial marque 2, para quejas marque 1, digite su cédula, vuelva a digitarla…”. Nombe, no. No puedo gastar así las siete vidas que me quedan.

Días después me encontré con una diseñadora gráfica a la que aprecio mucho. El español no es su lengua madre. A veces necesita traducción y eso le deja muchas anécdotas chistosas. Una vez envió a un cliente para su aprobación un trabajo. Por respuesta recibió un email donde se leía “¡Eres una mami!”. Con tres signos de exclamación al final. Ella quedó con tres signos de interrogación al principio. No entendió nada.

Corrió a preguntar por el chat del celular a una amiga panameña. “El cliente me dijo que soy mami ¿Qué significa? ¿Algo de que pienso como mamá? ¿Será que no le gustó? La amiga, después de una gran carcajada, le contestó: “Quiere decir que eres lo máximo, que le encantó tu trabajo”.

Qué curioso. Cuántos significados caben en una palabrita tan chiquitita, tan panameña.

“Mami” o “vaya mami” es ese piropo de la calle que te acosa y te hace revirar los ojos. “¿No quiere un club, mami?”, es la señora del almacén que está desesperada por cumplir la cuota del mes. “Mami, mami, tráeme algo”, es la vocecita que nos hechiza en casa. ¿Cómo decirle que no? 

En la cumbre está la poderosa expresión:  “¡Esa es una mami!”. Es el elogio máximo que le damos a otra mujer por sus agallas, por lo que ha logrado en su campo. Como ella queremos ser cuando seamos grandes.

Pero a veces, cuando culminamos una tarea titánica en la que hemos dejado la piel hasta lograr ese contrato,  el sí del cliente, hacer mil galletas de hoy para mañana, ganar el ascenso o ver triunfar un proyecto, una compañía o un hijo a punta de perseverancia, ese día nos  decimos: “yo soy la mami”.

Eso sí se siente bien.