d6e9b17b296157d77f791ce53e12952a - En el parque,como en la vida

Este año empecé a aprovechar las tardes de sol para ir al Parque Omar con Gabriela. “¡Parque! ¡parque!” dice ella emocionada. No se queda quieta. Mientras, intento ponerle sus zapatillas. Ya no es una bebé de gatear; anhela brincar y correr.

Desde el primer día quiso probar todos los juegos, los surra surra, los columpios, el sube y baja… en ese parque hay un montón de aparatos. Lástima que algunos estén muy descuidados.

Sus juegos favoritos son siempre los que están llenos de niños. “¡No, no, no. Por allí no!”, dice cuando algún niño  quiere subir por la rampa en vez de usar la escalera. Los niños grandes le miran con cara de “y ahora los pájaros le tiran a las escopetas”.

Como está entre los más chiquitos, con sus dos años me da miedo que se vaya a caer o que la empujen. La vigilo, pero le doy su espacio. Temo tanto descuidarla como sobreprotegerla.

A los pocos días de llevarla al parque me di cuenta de que las cosas que le ocurren allí son parecidas a las que experimentará en su vida.
Algunos niños la ignoran aunque ella quiere jugar con ellos, pero otros la incluyen o la protegen con un “¡cuidado con la niña!”. Algunos hasta  dicen: “yo la ayudo a subir”.
Unos le pasan corriendo al lado, casi atropellándola, sin pedir permiso; eso me molesta;  pero otros le ofrecen excusas y se disculpan si la rozan; eso me devuelve la esperanza.

Me gusta ese parque porque van niños de diferentes barrios. Quiero que mientras crece mi hija se relacione con personas diferentes y que entienda que esa es una fortaleza de Panamá: la mezcla de culturas y de gentes.

Allí ejercito mi carácter. El que me permitirá dejar que mi hija se arriesgue, se ensucie, se caiga y se levante sola. Eso sí, yo pendiente.
Veo que en su vida adulta encontrará obstáculos, pero también ayuda, y eso es un gran alivio para mí.

Y miren cuánto se parece el parque a la vida, que a veces siento que ella me ha olvidado, que está demasiado entretenida para recordarme. Pero en algún momento noto que busca algo. Cuando me encuentra con los ojos grita: “¡Mira, mamá!” para mostrarme su nueva hazaña.

Y así mismo un día ella se irá lejos, pero volverá a mí. Si le enseño que siempre puede contar conmigo para un consejo o un abrazo.