Melissa Leyton

Hace poquito escuché a una joven decir: “Pensé que en Panamá no había racismo”. Un hecho le abrió los ojos. Casi le digo que alguna vez yo también lo pensé.
La discriminación a veces es tan sutil como el aleteo de una mosca. Apenitas se nota.

Sales a las calles de Panamá y la chica de la tienda, el repartidor del camión de sodas, el que vende buhonería, la reina de belleza, el abogado que aparece en la televisión, tienen raíces afro.

Pero desde que somos niños nos enseñan a rechazar el ser negro. 
Pequeños encuentros lo demuestran. En las tiendas encontrar un polvo de cara que no me haga ver blancuzca como un papel no es fácil. El o la dependiente me prueban varios para encontrar el que se asemeje a mi color. Entre prueba y prueba llega el momento en que me comenta: “es que usted es menos… no es tan”… y se queda en la mitad. Lo que iba a decir es que no soy tan negra, pero sabe que está mal decirlo, pero a la vez piensa que para mí es un halago.

Cuando hablo a las personas de mi herencia afro, muchos se apuran a decir: “Tú no eres negra, tú eres café con leche, canelita, trigueña”. ¿Como tomarían que  alguien les dijera ‘tu no eres tan blanco’?

Tenemos bien internalizado que, entre menos negro, mejor te irá en la vida. Por eso esas frases que se dicen en familias: “cásate para mejorar la raza” (o sea, no con alguien más negro), “ojalá no te salga la bebé con el pelo duro”, “tu tía se salvó de que no es ñatita”. No es raro que en una casa panameña los hermanos sean de color de piel diferente. El que sale más claro es considerado el que se salvó.  

Eso explica lo que pasó en 2010. Ese año, en el Censo incluyeron una pregunta que más o menos iba así: “¿Se considera usted afrodescendiente?”. El censador me la hizo con un tono de:  “no se ofenda por lo que le voy a preguntar, pero es mi obligación hacerlo”. Casi le digo ¿usted qué cree? Pero es que mucha gente negra seguro le dijo no.
Mayo es el mes en que celebramos la cultura afro. Qué avance. Celebrar ser negro.

Conozcamos la historia de los afrodescendientes. Las luchas y las injusticias. Los que somos negros, sintamos orgullo de pertenecer a un grupo que ha resistido.
Pero demos un paso más, dejemos de etiquetar blanco, rojo, amarillo, montuno, extranjero … dejemos de juzgar a la gente sin conocerla.