3d13c16b858135e2e5dfd89749662e25 - Ay por favor, nadie te está copiando

Mírenme bien: así ponía yo el codo, así, bien alto, para que nadie se copiara de mi examen ¡Nadie! Llámenme egoísta, ¿por qué no estudiaron? Así era yo en la escuela.
Pero una vez el profesor de biología me quitó el examen por copiarme. Resulta que se me olvidó llevar un helecho para el laboratorio. Un niño me prometió  darme uno si le dejaba ver mi examen. En una de esas el profesor pensó que yo le estaba copiando a él. ¡Yo! Hoy que vivimos en la era de la creatividad, les cuento algo: muy pocas cosas son originales del todo. Y aunque sigo defendiendo que nadie debe copiarse ni dejarse copiar en la escuela, creo que fuera de eso estamos en un tiempo de compartir.

El célebre chef peruano Gastón Acurio una vez contó que no le prestaba tanta atención a que la gente imitara sus recetas. Él cree que en vez de enfocarse en guardarnos nuestros conocimientos deberíamos promover una cultura de colaboración: compartir, aprender, crecer juntos.
Entiendo su punto. Una y otra vez escucho a personas lamentar cosas como que ellos fueron los  primeros en vender chicha de raspadura en los semáforos y ahora todos le copian. Ellos fueron los primeros con la cerveza artesanal; los primeros con el café orgánico, los primeros con etiquetar frasquitos en las fiestas de cumpleaños o  los primeros en ponerse el pantalón un pie primero y otro después.
Imagino cómo se sentirá el dj que fue el inventor de la frase “arriba la mano, arriba la mano” en los saraos y ahora nadie se lo reconoce.

Si solamente una persona vendiera café orgánico o solo una vendiera cerveza artesanal, ¿cómo se podría hacer crecer el interés por este producto?
Por supuesto que aplaudo la originalidad y respeto  el derecho de autor.  Pero una vez que lo inventaste, y si es un buen invento, ya es de todos. ¿Saben si alguien intentó patentar los carros, que nadie más pudiera hacer carros?
Es tiempo perdido el invertido en defender esas trincheras. Hay que colaborar, y en todos los campos. Muchas veces encuentro a grupos de voluntarios, emprendedores, activistas que trabajan por lo mismo pero entre ellos no se entienden, no se hablan, y a veces ni se soportan. ¿Cuánto más ellos y Panamá pudieran lograr si dejan de mirar sus diferencias?, ¿si dejaran de pensar en quién está copiando a quién, quién es mejor,  y buscaran la manera de trabajar juntos para hacer que crezca ese sueño, ideal o proyecto que es mucho más grande que ellos?  No es fácil, pero vale la pena intentarlo.