70918b75f2cce6176f826592b91fa3da - Apaguen el celular y abran los ojos

Para llegar al famoso Cristo de Corcovado, en Río de Janeiro, hay que tomar un trencito. Este asciende por la selva de Tijuca. En días buenos para los turistas se asoman animalitos, y en ciertas partes hay unas vistas impresionantes de la ciudad de Río.  Es como una probadita de lo que se verá desde el inmenso Cristo.

Siempre antes de llegar a estos miradores que lo dejan a uno con la boca abierta, el guía suele decir “preparen las cámaras”. Pero está de más que lo diga porque eso es lo único que la gente hace, sobre todo si son jóvenes o  muy amantes de las tecnologías: sacar sus cámaras.

No me malentiendan: la fotografía me fascina; gracias por ese invento. Sin embargo, vivimos en una época en que todo lo queremos registrar con fotos para el teléfono y, ¿para qué?

Pónganse a pensar y verán que las mejores historias, los mejores cuentos que alguna vez alguien les contó, no tenían nada que ver con tarjetas de memoria ni selfie sticks.

Los bisabuelos no sacaban fotos de todos los lugares, sin embargo, podían contar grandes anécdotas con pelos y señales porque estaban observando y escuchando. ¿Por qué en vez de matarnos por sacar una foto, ni que fuéramos Mario Testino, no apreciamos mejor?

La gente ya no va a los lugares: a la torre Eiffel o a los canales de Venecia, ni siquiera a las esclusas de Miraflores, para conocerlas: va para tomarse una foto allí. Sí, sí, ya sé que es para las redes sociales, pero nos hemos ido al extremo. Un extremo en que nos estamos perdiendo algo, bastante. Perdónenme, pero tomarse la foto no es más importante que estar en el lugar. 

Siempre quise conocer el templo de la Sagrada Familia en Barcelona, admiro a Antonio Gaudí. ¡Genio! Cuando por fin pude ir quedé con la quijada en el suelo, ¡qué belleza!, pero me chocó entrar al templo y ver a un montón de gente  no mirando el lugar, no rezando, sino tomándose fotos, así, sin ningún respeto.  Qué desperdicio estar en un sitio como ese y no mirarlo, no apreciarlo. 

Muy bien hizo la cantante Adele hace unos meses en un concierto cuando regañó a una fan porque en vez de mirarla  la estaba grabando. “Ey, estoy aquí”, dijo Adele. “No me tienes que grabar”. Cuando uno está grabando no está apreciando nada, en realidad se está perdiendo el momento, y  la gran mayoría de las veces ni siquiera vuelve a mirar esa foto. En serio. Si casi nadie imprime sus fotos. 

Así que la próxima vez que vean algo especial les invito a que guarden su teléfono. Abran los ojos, los oídos, respiren profundo… ¿a qué huele? Sientan, vivan el momento.