c58e376ffda9cd8d2af45a13a6bd7bb8 - Adiós a las medias de nailon
Levante la mano aquella que tenga algún buen recuerdo de las pantimedias. A ver… mmm. No veo ninguna mano. 

Levante la mano la que tiene un mal recuerdo de las pantimedias… Ya, bájenlas por favor. Dije que ya.

Hace mucho tiempo [Sí, ni tú ni tú habían nacido] todas las mujeres profesionales tenían que usar pantimedias. Salir sin pantimedias era como salir en peticote a la calle. ¿No saben qué es peticote? Busquen en internet.

Ahora hablo pestes de las pantimedias, pero la primera vez que me compré unas me sentí una mujer adulta, plena. Significaban que yo pertenecía al mundo de las mujeres profesionales. Y qué lindas se me verían las piernas.

Bajarme de esa nube me tomó medio día. Primero, ponerse unas pantimedias era un lío. Soy una mujer chiquita, pero ancha, y todas me quedaban extremadamente largas. Resultado: se me hacían pliegues por todos lados.

Luego estaba el problema de encontrar el color adecuado, aquel más parecido a la piel de una. Probé caramelo, mocca, chocolate. No, no estoy hablando de cafés de sabores. En esa época eso ni existía. Llegué a usar una media de color antílope. ¿Quién habrá inventado eso?

Pero no habría sido tan malo si al menos las medias fueran un poquito más resistentes, un poquitín más. Si las rozabas con un pellejito de una uña, se rompían. Si cruzabas las piernas y las rozabas con el tacón, se rompían. Si te subías a un diablo rojo y alguien te pasaba detrás, era 100% seguro que se rompían. 

Y si sobrevivían a todo lo anterior, probablemente se rompían tan pronto vieran agua y jabón. 

Era un negocio redondo para quienes las vendían. Porque a menos que fueras una roquera o una payasita de fiesta infantil no se veía bien andar con medias rotas

Éramos tan rehenes de la moda que ni nos dábamos cuenta de que usar medias de nailon en un país tropical era un castigo autoinfligido.

Así que pantimedias, chao.