Días atrás, Carlos me preguntó que si me había dado cuenta de que la jirafa de Albrook Mall tenía zapatos. Me extrañó que él lo notara. Aquí entre nos, ni siquiera le gusta ir a los malls. 

Le contesté que debía ser por una caminata en tacones que organizó el centro comercial como parte de la campaña del mes de la cinta rosada.
 

3b1e2f13f82d444b1bc4cec63e8c10a5 - A jugar con los zapatos de la jirafa

Entonces me contó que Gabriela le había quitado los zapatos a la jirafa para jugar. Me asusté. Esa jirafa es enorme. ¿Cómo había hecho eso?

Según él son fáciles de quitar y todos los niños lo hacen. Aún no estoy segura de esa explicación. Creo que ni siquiera debería estar escribiendo esto. 

El centro comercial no es el único sitio inusual que ahora visitamos más gracias a Gabriela. En mi celular tengo grabado un video de ella bailando zumba en el Parque Omar al lado de varias señoras y muchachas. No me pregunten a quién salió así de salsosa. 

Carlos, que era quien la acompañaba, solo miraba. Esperaba que la nena, como él le dice, terminara su danza. Ella iba sin ton ni son, pero muy seria en sus pasitos. Al volver a casa él me dijo:  “Me puse a pensar cómo es la vida, si la nena no existiera, jamás  habría estado yo en medio de ese baile”. 

Los niños te hacen ver el mundo diferente, te empujan a ser diferente. 

Hace unos días fuimos a saludar a una profesora a la Universidad de Panamá. Cerca de la Facultad de Ciencias Naturales hay un pasillo digno de una película: está lleno de gatos. Vimos como 15. En cualquier otro momento yo habría apurado el paso. Pero íbamos con Gabriela y ella estaba fascinada. 

Nos quedamos largo rato. Los estudiantes y profesores pensarían que éramos unos raros mirando a los gatos y llamándolos. Carlos le iba enseñando a Gaby cada uno de los felinos: aquel de las rayitas, el otro del rabo largo, uno que tenía un ojo lastimado. Ella los miraba con asombro, se quería acercar y ellos huían, pero aparecían otros. 

En estos días Carlos me dijo: “creo que vamos a tener que conseguir un gato para la nena”. “Sobre mi cadáver”, pensé. Todos saben que las mascotas son de los niños pero las alimentan, les dan agua, las bañan, las sacan, las expulgan y las llevan al veterinario las mamás… 

¡Ay!, pero ya no me atrevo a decir nunca.