Fotolia 189535525 Subscription XXL editada - Verano, te estoy esperando

Hace unos días me regocijé tremendamente porque el sol radiante y una deliciosa brisa que tuvo a bien visitarnos, me llevó a pensar que había llegado el verano. ¡Finalmente! Qué desilusión cuando así, sin previo aviso, nos llegó un tremendo chaparrón como esos que caen en mayo o noviembre. ¡Qué necedad!

No crean que tengo algo contra la estación lluviosa, también me gusta, especialmente si tengo una hamaca en la que me pudo tirar a leer un libro, pero es que el verano es el verano. Es el tiempo en que nos vamos a disfrutar de las maravillas que ofrece el interior del país, que subimos cerros, nos bañamos en los ríos; en fin, es el tiempo ese en que volvemos a ser niños.

Es cierto que ya no podemos hacer todo lo que el cuerpo nos permitía hace 40 o 50 años, pero eso no evita que disfrutemos de las maravillas del verano panameño ahora con los nietos. Yo tengo mi lista preparada, pero la lluvia no me deja empezar la aventura.

Leyendo estas líneas, recuerdo las tardes fabulosas que pasábamos bañándonos en el chorro que caía de la teja esquinera de la casa de mi abuela. Eran los tiempos en que los niños podían hacer esas travesuras sin que nadie se preocupara por resfriados o porque pasaran un rato descalzos. Creo que los chiquillos de hoy en día llegarán a viejos sin haber conocido una gota de agua de lluvia. ¡Pobres! Se pierden de una gran diversión.

Ven cómo me confundo. Empiezo extrañando el verano y a medio camino quedo pensando en los baños de lluvia. En verdad, las dos cosas me gustan. Así soy. Lo que pasa es que, aunque disfruto los climas de todo el año, me gusta que haya de los dos y por lo visto este año no veremos mucho del verano.

Lo malo de todo esto no es tanto que falten el sol y la brisa, sino que el agua nos tiene ahogados. Las ciudades se convierten en lagos en un par de horas; todo es un desastre. En momentos como este pienso si sería conveniente encomendarnos a san Isidro Labrador, como hacíamos de niños en una canción en la que le pedíamos “quita el agua y pon el sol”, porque de verdad que tengo ganas de llevar pelaítos a subir “El Pastoreo” en El Valle de Antón y de ponerlos a rallar maíz para hacer torrejas y cosechar mandarinas, y todo eso que se hace en el verano.

Entonces, espero que el verano lea esta carta y busque la manera de desenredarse de este clima desastroso que nos aqueja y nos venga a visitar aunque sea un par de meses. No creo que sea mucho pedir, a fin de cuentas, la estación lluviosa tuvo su oportunidad de anegarnos y el verano, muy decente, no le quitó el puesto.

Mientras tanto yo sigo con mi lista, que por cierto me divierte mucho. Para cuando llegue la brisa ya tendrá varias páginas. Los voy dejando porque mientras estaba aquí en la quejadera se me ocurrieron un par de cosas que voy a incluir.