Diario de Mama Tiempo para pensar - Tiempo para pensar

Aunque el ejercicio de pensar se ejecuta constantemente, muchas veces pensamos solo en asuntos de apremiante inmediatez. El tiempo para pensar de verdad, ─aunque ocasionalmente sea en la inmortalidad del cangrejo─, suele ser escaso. Eso nos coloca en una situación de desventaja de cara al futuro pues vivimos dentro de los límites de mañana o la próxima semana.

Eso no significa que no tengamos sueños para ejecutar en un futuro un poco más lejano que el anteriormente mencionado, pero sí quiere decir que no sabemos cómo extraer tiempo de otras actividades para dedicarle a los planes que requieren dichos sueños. En general nuestras mentes han sido entrenadas para priorizar de cierta manera.

Dependiendo de cada quien el orden de las prioridades puede variar ligeramente más estas suelen incluir familia, trabajo/profesión, quizás las aficiones y las actividades propias de cada una de estas actividades. La ironía es que muchas veces los sueños caen en una de estas categorías. No sé si me explico.

La segunda ironía es que, al igual que muchas veces ocurre con leer, dedicar tiempo solo a pensar nos puede parecer tiempo perdido. Muy raro pues se debería considerar actividad de primerísima importancia en la vida de todos. Extraernos de la vorágine de sobrevivir es a todas luces saludable. No esperemos hasta jubilarnos para empezar a practicar el ejercicio de pensar.
Sabemos que hacer ejercicio físico es saludable y si no lo hacemos por lo menos sentimos la culpa por nuestra “vagancia”. Bueno pues, pensar es el ejercicio de la mente y también es necesario para la buena salud, o más aún que el ejercicio físico pues a veces en la cuarta o quinta edad, cuando ya el cuerpo no da para correr, siempre podemos pensar, pero si no hemos adquirido esa destreza será difícil empezar después de viejos.

Como todos los hábitos, se puede empezar de a poquito e ir aumentando poco a poco el tiempo que le dedicamos. Encuentro que si uno escoge en tema, cualquier que sea, y le dedica unos minutos al día ayuda al pensante a enfocarse. Y resulta que cuando hay enfoque en un tema eso lo lleva a uno a investigar un poco, a buscar fuentes de información adicional, las neuronas se activan, se desata toda una cadena de bondades que siempre conducen a un buen lugar.

Lo mejor de todo es que, si bien es cierto que sacar un lugar y un momento de paz para pensar, también se puede hacer mientras uno realiza otras actividades mecánicas. Si uno sale a caminar solo, es un momento ideal para pensar. Si estamos picando ajo y cebolla, podemos aprovechar el momento para pensar, debajo del chorro de la regadera es un rato fabuloso para pensar, el asunto es tener una ventana de “soledad”.  ¡Ah, pero la soledad también es mal vista! Cambiemos pues esa noción y aprendamos a compartir tiempo con nosotros mismos.

Sé que actualmente el país pasa por tiempos difíciles y a muchísimos panameños les ha tocado reinventarse para subsistir. Siento profunda admiración por cada una de esas personas que con valentía, más que perder el tiempo patinando en la autocompasión, cerraron momentáneamente los ojos, hicieron inventario de sus destrezas, pensaron… pensaron y empezaron a caminar. Imagínense hasta donde podríamos llegar en tiempos normales con dedicarle un tiempo a pensar.