ropa 1024x781 - ¿Los minimalistas?

Tengo varios días de estar deliberando si debo pedirle a mi mamá que me preste unos puestos de una vajilla bella que tiene para una cena que tengo. Por supuesto, pienso también que me puedo comprar unos platos por ahí mix & match, o sea todos revueltos para el mismo evento. Me aguanto las ganas porque, honestamente, no sé dónde los guardaría después de usarlos, pero no se me van las ganas. Me fascinan las cosas para la casa. Soy feliz con servilletas, vasos, platos y platitos, en fin, me fascina todo ese checherero.

Estoy, pues, en medio de la deliberación, cuando me salta a la vista un programa que no me acuerdo cómo se llamaba, pero era una especie de documental sobre estos dos personajes que escribieron un libro y dan charlas por el mundo. Se llama Los minimalistas y básicamente son dos muchachos jóvenes que se cansaron del rat race y optaron por vivir con el mínimo de cosas para así aumentar la felicidad. El concepto me fascina. Me encanta eso de que la felicidad no dependa de lo que tenemos sino de lo que somos y hacemos.

Les confieso que muchas de las cosas que tengo las he heredado o alguien me las ha regalado, y sí, algunas las he comprado, pero casi siempre, antes de comprar, tengo que luchar con mi propio yo y el “¿lo necesito?”, pero eso ya ustedes lo saben porque se los he contado antes.

Más bien mi esposo se pone bravo conmigo cuando digo que algo me gusta pero que no me lo voy a comprar porque “no lo necesito”. Según él, cada vez que sigo los consejos de la tripa y no compro el artículo en cuestión, me paso años diciendo “lo hubiera comprado”. ¿Qué les puedo decir? Así es uno de complicado.

Lo cierto es que las cosas esas famosas que se me antojan suelen ser en los viajes, en lugares remotos de mi propio país y, en general, solo disponibles en el sitio del antojo. Pero bueno, me quedé viendo a los minimalistas con sus dos camisetas y sus casas diminutas -por si no han visto ningún programa de esos que se llaman Tiny House, vean uno a ver si podrían vivir en esos closets- y tengo que pensar que definitivamente debe ser una delicia barrer y trapear en cinco minutos exactos, pero creo que me andaría tropezando con mis propios pies.

El sistema se fundamenta en romper con los convencionalismos de lo que es una vivienda cómoda y tener únicamente lo básico. Mostraron algunas casas que se convierten en una cosa y otra, con camas que salen de las paredes, mesas que se arman como por arte de magia y acomodan diez invitados y otras macalucias. Me pregunto, sin embargo, si voy a sentar a diez personas en una mesa, dónde les voy a servir y de dónde voy a sacar los platos, los cubiertos y todo lo demás, porque yo no vi espacio para eso.

Quedé, pues, ahí trabada en la deliberación y en el hacer una lista de lo que sobra, pero honestamente no supe qué botar. Seguiré pensando. Mientras tanto, voy a llamar a mi mamá para que me preste unos platos.