Cinema Diario de mama 1 - "La constancia lo es todo"

Escribo el título de este artículo entre comillas pues, aunque es una frase que probablemente muchos han dicho, en esta ocasión me la robo de una entrevista con Ennio Morricone citada recientemente con motivo de su despedida.

El Maestro tenía 91 años, escasos cuatro meses le separaban de los 92 y en medio de los reportajes relacionados con la fatal pandemia del Covid-19 ocupó los titulares de medios de comunicación a nivel mundial al ser galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2020.

Recordar la historia de sus triunfos y volver a escuchar algunas, sino todas, las bandas sonoras que le hicieron tan famoso fue algo que muchos hicimos al leer la feliz noticia. Y es que muchas se convirtieron en favoritas de los asiduos al cine sin tan siquiera saber sobre su autoría. Había quienes éramos muy jóvenes para interesarnos en aquellas letras pequeñitas que aparecían lentamente en la pantalla al final de cada película.

En ciertos casos ni siquiera podía uno entrar al cine a ver la película el año de su estreno pues las reglas de censura eran estrictas por allá por los años sesenta y a los once años de edad era limitado el catálogo. Sin embargo, así como eventualmente uno incluía El Graduado en la lista, aquellas rarísimas películas del oeste que no tenían nada que ver con las de “bandidos y vaqueros” que solían llenar las pantallas de la época, también recibían su ganchito.

Silbidos, largos silencios, instrumentos musicales que de alguna manera eran parte integral de cada personaje y lo identificaban a lo largo de la cinta eran todos recursos innovadores y, a todas luces, muy distintos de lo que estábamos acostumbrados a ver y, sobre todo, a escuchar. Sin embargo, el genio de Morricone se impuso de tal manera que a más de cincuenta años de la presentación de las primeras películas “del oeste” en que participó, sus temas no han perdido protagonismo.

Pero, en realidad yo no sé mucho sobre el cine, domino más el arte de sentir y lo cierto es que ese italiano siempre despertó y sigue despertando en mí toda clase de sentimientos con su música. Conociendo un poco más sobre su persona -pues una de las acciones que más protagonismo genera para una persona es morirse- comprendo un poco mejor las razones para su éxito, y más allá del cliché de que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer (que por cierto es completamente verdadero en su caso, reafirmado por el mismo) no me asombra para nada la declaración de la cual este título es parte integral “ …porque en el amor, como en el arte, la constancia lo es todo”. Claro, tiene que ser así, porque ninguno de nosotros nace sabiendo nada.

Cierto que muchos arriban a este mundo con ciertos talentos, pero eso no es suficiente, cada uno de los talentos que se nos obsequian debe ser trabajado, desarrollado, investigado, pulido. No niego que la humanidad haya conocido genios que lo fueron dentro de un desorden espantoso de vida, pero son pocos. Sería falso afirmar que le seguí de cerca los pasos a la vida de este genial compositor porque, como ya he dicho, a veces alguien tiene que morirse para que uno se interese a fondo por los detalles de su existencia, sin embargo, varios de sus temas musicales están entretejidos en mi alma desde hace mucho y me hacen llorar a las diez de la mañana. Y, que conste que yo no lloro. ¡Gracias Maestro por su constancia!