Del diario de mama scaled - Falta de prácticaDesde que llegaron los nietos se hizo necesario volver a conectarse con el universo de la diversión para los pequeños, sitio este que había abandonado hace muchos años.
Esto ha significado un pequeño problema, sobre todo a la hora de comprar regalos, sea de cumpleaños o de Navidad o para cualquier otro evento que lo amerite.

Todo es diferente ahora. Los juguetes con los que mis hijos se divertían ahora están en museos o quizás soy yo la que pronto vivirá en uno y me cuesta escoger algo que sea lo que verdaderamente quieren. Solicito ayuda a mis hijos y ellos tratan, pero la verdad es que suelen estar ocupados cuando yo tengo tiempo para salir a comprar algo.

Así pues anda la cosa, y lo que he decidido es que en vez de regalarles cosas, trataré, en la medida de lo posible, de regalarles experiencias. No sé si a sus cortas edades las recordarán, pero por lo menos les quedarán las fotos y de allí que tomen la pista.

Me enredo mucho porque no me gusta comprarles chécheres que a la media hora estarán en un rincón con el soldadito de plomo al que le falta una pata, ni me importa que el juguete de un millón de dólares “todo el mundo lo tenga”, así es que como verán, se van limitando mis posibilidades.

La verdad es que no creo que hayan buenas posibilidades de que yo me siente a ver Peppa Pig por tres horas, luego de lo cual habré descifrado alguna posibilidad de regalo, así es que ando buscando que la inspiración me llegue por otro lado. Acepto sugerencias para chicos entre 2 y 10 años de ambos sexos.

Lo que me duele es que yo era buena en esto de comprar regalos. Lo aprendí desde chiquita pues mi mamá nos delegaba esa función si andaba corta de tiempo, lo cual era común con siete hijos. Así pues, para mí la Avenida Central era como el patio de mi casa y por ahí caminábamos sin preocupación alguna desde los diez años.

Ahora tenemos el Amazon y esas modernidades, pero muchas veces pasa que lo que uno ve en las fotos no siempre es idéntico a lo que llega. Muchas veces está perfecto, pero siempre está la duda, sobre todo con los zapatos y los juguetes que tienden a encogerse con el viaje.

Sería bueno que alguna abuela genio diera un cursito, aunque sea para actualizarnos un poquito. No digo que aprender, porque a estas alturas, que ni me muestren una nueva división o multiplicación porque el cerebro está como el disco duro de mi computadora “explotado. O que nos manden un newsletter mencionando los regalos del mes para niños. Yo lo agradecería enormemente.

Aquí lo verdaderamente triste es que me dejaría poner un delantal y una gorra por mis nietos pero a la hora de comprarles cosas estoy en la luna de Belén. Y esa es la verdad. Yo creo que debe ser algo “abuelítico” porque he visto que a otros también les pasa y no recuerdo a mi abuela comprando regalos ahora que lo pienso. Lo dejo ahí pues, a ver si alguien se compadece de mí. Aunque tendrá que ser para la próxima Navidad, porque para esta ya no me falta nada por comprar.