DelDiariodemama 1024x1024 - El interruptor oxidado

Todos tenemos ciertos interruptores que podemos activar o desactivar a discreción. En Panamá como hablamos fluidamente el espanglish les decimos switches. Hay quienes tienen muchos y otros nos conformamos con un par. En realidad, creo que todos tenemos un inventario enorme de interruptores, lo que ocurre es que no desarrollamos las destrezas necesarias para usarlos, y, en muchos casos, para controlarlos.

Seguramente, ustedes conocen de muchos personajes que son pésimos en ese asunto del control de los mismos. Cualquier cosita se los “dispara” y ocasiona que entren en un estado de caos emocional. Quizás esta afirmación no es del todo cierta pues algunos, al activarse, nos llevan a realizar acciones positivas. Mientras escribo esto pienso en uno específicamente que yo aprendí a dominar muy temprano en la vida. Les voy a contar y se darán cuenta que lo gracioso de la situación es que para algunos temas lo manejo increíblemente bien y frente a otros todavía me enredo.

Hablo del interruptor de off o apagado que básicamente podemos usar para desconectarnos de una situación que nos molesta. Vamos a ver si logro explicarles cómo funciona esto en mi caso. Quizás si les planteo un ejemplo sea más fácil comprender lo que quiero decir. Bien, empecemos.

Cuando mis hijos estaban creciendo se instalaron ciertas reglas en la casa que ellos debían cumplir. Las había en muchos campos, por supuesto. Estaban las relativas a los alimentos (esas que obligaban a comerse todo lo que estaba en el plato), otras se aplicaban a los estudios, estaban aquellas como saludar y dar las gracias y, además, las del orden. Con respecto al orden los muchachos tenían que hacer su cama por las mañanas y no dejar nada tirado en el piso antes de salir para el colegio de forma tal que la muchacha solo tuviera que entrar a sus cuartos a barrer, trapear y limpiar los baños. Nos parecía algo muy básico.

Se podrán imaginar que para los “ordenados” estas instrucciones eran fáciles de seguir pero para los otros, no tanto. Fueron creciendo, llegaron a la adolescencia y de allí se convirtieron en adultos jóvenes. Las reglas permanecían en vigor, solo que por más que uno insistiera, no se cumplían a cabalidad. La muchacha tenía instrucciones precisas de no recoger los desórdenes ajenos, que las toallas mojadas se dejaran sobre la cama, que la ropa se levantara de suelo momentáneamente para barrer y se volviera a “tirar” donde estaba y así. Y llega ese punto de inflexión en el que uno decide que hay que escoger las batallas. Es justo en ese momento donde uno activa el dichoso interruptor de apagado y para que funcione a la perfección solo hay que hacer una cosa: cerrar la puerta del cuarto desordenado y dejar de pensar en lo que hay dentro.

Este mismo mecanismo se puede aplicar a cualquier cosa y no solamente a terceras personas. Muchas veces escucho una voz que me dice que mi closet necesita que le quite el peso de un millón de cosas que ya no tienen razón de estar allí, es decir, me grita que “haga policía”. Como esa es una actividad que me da una alergia terrible y me pone de muy mal humor, bajo el switch y listo. Les juro que funciona. Es como ponerse una venda virtual sobre los ojos. ¡Claro que requiere de práctica, pero se logra!

Poco a poco logramos desconectarnos de la amiga que nos vuelve locos y, ojo, que desconectar no es abandonar, es sencillamente no dejar que sus necedades nos afecten. Es un poco como “vive y deja vivir”. Maneja lo que alcances a abrazar y suelta lo demás. De los demás recoge solo las opiniones que te ayuden a ser mejor persona (muchas veces son críticas), no pienses en lo que te falta, sino en lo que tienes.

Como todos los interruptores, el de off necesita mantenerse lubricado pues de lo contrario se oxida. Para mantenerlo en buena forma hay que usarlo. Les recomiendo que empiecen a activarlo por lo menos una vez por semana. Les juro que el desconecte temporal no los convierte en malas personas, todo lo contrario, es bueno para la sanidad mental. Reconozco que me tiembla la mano cuando debo bajarlo frente a una situación de crisis existencial, pues con el tiempo he aprendido que no en todos los campos se puede andar en off y es allí cuando pido discernimiento.