84b2fdf90c7fb4d07f5b538ce7cd0f28 - Saber perdonar

Esta es una época especial del calendario para mí. De acuerdo con la tradición judía, celebramos el Año Nuevo. Para estas fechas Dios juzga a cada criatura y determina su suerte para el próximo año. Pero al igual que en los tribunales de la vida real, tenemos un plazo para apelar la sentencia, que son 10 días de prórroga hasta el Día del Perdón, en que se sella el decreto celestial y se hace definitivo. Digamos que estos días son un período de gracia para mejorar nuestra defensa, ganar puntos extra incrementando nuestras buenas acciones, arrepentirnos por las faltas cometidas, disculparnos y remediar las trastadas.

La cosa no es solo con Dios; la creencia es que más trascendental es reconciliarse y amigarse con el prójimo.

¿Por qué les cuento todo esto? Porque año tras año le pido perdón a mis padres, hermanos, amigas, a las muchachas de mi casa, conocidas, hasta a mis hijos, por cualquier ofensa que haya cometido, con o sin intención: El día que le contesté feo a mi mamá, la vez que no ayudé a una amiga o que no pude contenerme y repetí un chisme, o cuando emití una opinión cero constructiva, o la vez que perdí la paciencia y le grité a alguno de mis hijos sin razón…

Igualmente hago una nota mental de perdonar a todos los que me han herido, tanto a los que se toman la molestia de disculparse como a los que se hacen los desentendidos. La mayor parte del tiempo sé que probablemente seremos todos reincidentes, pero qué más da… somos humanos. Hay que irse puliendo año tras año, y si el próximo hago 987 cosas malas en vez de 990, puedo decir que habré mejorado.

Sin embargo, este año voy a hacer las cosas diferente. Cada septiembre pido perdón y perdono a los demás, pero esta vez decidí que voy a empezar perdonándome a mí. Nunca lo había pensado, y mientras escribo esto se me aguan los ojos y me pica la nariz.

¿Cuántos no pasamos días, semanas e incluso meses recriminándonos a nosotros mismos nuestra falta de juicio, los tropezones y errores que hemos cometido? No puedo contar las veces en que he pensado que soy una burris por haber hecho tal o cual cosa, cuando debí haber sido más inteligente, o al menos tener mejor visión. En otras ocasiones sí he usado la cabeza, pero me han traicionado los buenos sentimientos, poniéndome en una posición vulnerable para ser herida. A veces por andar buscando cosas que no nos corresponden, nos perdemos a nosotros mismos.

Así que determino perdonarme por los errores que he cometido, por más tontos y previsibles que hayan sido. De cada uno he aprendido algo, aunque sea algo tan básico como no ser tan conga.

También por haber perdido mi tiempo regando cosas que nunca estuvieron supuestas a crecer en mi vida, y por haber sido buena con quienes no lo merecían.

Y lo más importante, por no tenerme paciencia a mí misma, y a veces no tratarme como yo  quisiera que los demás lo hagan.

Probablemente también en esto reincida  el otro año, pero si me equivoco, maltrato y recrimino  391 veces en vez de 400, también habré mejorado. Por ahora empezaré por amigarme conmigo.