247e299fa9ce7331ffa6ebd3b5080a15 - Historias de ultratumba

Estamos rodeados de zombis. Personas que hablan, se mueven y respiran. Gente que ves por ahí, tan normales como tú y como yo. Son de carne y hueso, pero en verdad están muertas por dentro. En serio: son zombis.

El problema es que parecen gente común y corriente, y viven su vida igual que el resto de los mortales. Duermen, comen, trabajan, hasta cuentan chistes y tienen sentido del humor. Pero hasta ahí llega el parecido con las personas que sí tenemos sentimientos.

Lo sé porque he conocido un par  a lo largo de mi vida. Por supuesto que en su momento no imaginaba que algo tan insólito fuera posible, por lo que me rompía la cabeza tratando de entender cómo alguien con quien puedes hablar seis horas seguidas de todo y de nada, fuera un desentendido total al día siguiente. Cómo una persona a quien celebras con bombos y platillos para que tenga un cumpleaños memorable, ni siquiera tenga el detalle de llamarte para el tuyo. Cómo con gusto te sales de tu camino para ayudar a alguien y este ni siquiera te dé las gracias. Y algo que es peor: le escribes por Whatsapp, ¡y te deja en visto! En definitiva que hay que ser zombi para hacer cosas así.

Me reservé mi teoría por largo tiempo, porque me daba miedo manifestarla en alto. No quería que me tildaran de loca y terminar en el manicomio como Mel Gibson en The Conspiration Theory. Pero fui voceando mi desconcierto con algunas personas, luego con otras, y así salió a la luz el oscuro secreto que muchas mujeres sospechan, pero todas callan: zombis viven entre nosotros.

“Descubrí que mi novio de casi dos años me estaba engañando”, me contó alguien. “Lo que no entiendo es que éramos muy felices juntos, no parecía que nada le faltaba a la relación”. Zombi.

“El chico del que gusto está saliendo con alguien fea e intensa”, se desahogaba otra. Pensé que exageraba, pero cuando me mostró la foto, vi que tenía razón. “Lo peor es que nosotros nos seguimos viendo. Él insiste en que no la quiere, y por eso no entiendo por qué está con ella y no conmigo”. Zombi él, pero boba ella.

Una amiga me confió: “Recomendé a un amigo para un contrato importante en la empresa familiar. Fue a la entrevista y ni siquiera me llamó para contarme cómo le fue. Lo llamé yo, y me dijo que estaba ocupado, que me llamaba en cinco. ¡Pues qué te parece que se desapareció!”. Zombi.

“Invité a un amigo por Whatsapp al concierto de Juan Luis Guerra. ¡Y me dejó en visto! El día del concierto, cuando me estaba alistando para ir con alguien más, me escribió para decirme que no hubiera podido ir”. Hay que ser muy zombi para ser tan ingrato y caradura. Le recomendé que borre a semejante espécimen de su lista de contactos y de su vida.

“Estuve saliendo con alguien. Fue increíble”, me confesó otra más. “Ambos sabíamos que era una relación pasajera, pero cuando se iba a acabar, por más que me aguanté, se me salieron las lágrimas. Pero él, frío como un hielo, solo me dijo ‘Nos veremos por ahí”. Gran zombi.

Así pues, el mundo está plagado de estas criaturas. Si notas en tu entorno a una persona encantadora, pero carente de sentimientos, gratitud y empatía, ten cuidado y corre, ¡puede ser un zombi!