16 ilustracion borron 1000 - No extraño estar con él

Me casé a los 20 años con mi primer y único novio, sin saber mucho del amor y con la ilusión de vestirme de blanco, las flores y la fiesta de boda. Me casé con el hombre que yo quería ver, con el potencial que le veía y que le iba a ayudar a desarrollar. Me casé con un ideal. Qué equivocada estaba. Me di cuenta de eso muy temprano en mi matrimonio. Vi falla tras falla en cada faceta de nuestra vida juntos. Así como quien ve la crónica de una muerte anunciada.

Y aun así me quedé. Estaba en una zona de confort en la que no hacía, no sentía, la infelicidad me consumía y nadie decía nada. Yo escogí divorciarme. A mí no me quemaron ni me dejaron. Simplemente, la relación se deterioró por muchas razones, la indiferencia se adueñó de nuestras vidas y desintegró cualquier lazo que pudiera unirnos, aparte de ser padres de dos hijos, en ese tiempo de 9 y 4 años.

Recuerdo que la familia de él, muy sorprendida, me decía: “¿Pero, qué paso? ¡Él es tan bueno!”. Y sí, no se trata de tener bondad en tu corazón. Yo también soy una persona buena. La respuesta es que él no era bueno para mí ni yo era buena para él. A puerta cerrada era el desastre perfecto, y estar juntos sacaba lo peor de cada quien.

Finalmente había llegado la hora de aceptar que la relación era insostenible y la decisión impostergable.

Nunca pensé que mi decisión iba a tener tantas repercusiones. Pensaba que sería algo amigable, lo cual no fue. La gente a tu alrededor toma bandos, y no puedo decir que perdí, pero sí me tocó sacar y entender que había personas que no querían seguir siendo parte de mi entorno. Hubo hasta quienes me quitaron el habla y me volteaban la cara. Nunca entenderé por qué la gente se lo toma tan a pecho, si la relación que rompí fue la de mi matrimonio, no la de alguien más. Aprendí a vivir con eso.

Después de varios años en los cuales llegamos a cierto entendimiento en cuanto a decisiones sobre los niños, todavía veo que las mismas cosas que me molestaban de él hace años, me siguen molestando ahora, y me recuerdan por qué no estamos juntos, por qué no extraño estar con él y me confirman que tomé la decisión correcta.

Sonaré fría, pero esos 12 años de matrimonio, aparte de tener a mis dos hijos, que son una gran bendición, y de algunos proyectos profesionales que realicé, los siento como perdidos. He tenido más experiencias nuevas, placenteras y recuerdos felices en los últimos cinco años que durante mi matrimonio, que se sintieron como vivir en piloto automático.

No extraño nada de esos días. Hoy enfrento otros retos, pero el nivel de realización que siento como ser humano y el crecimiento personal que estoy experimentando, no lo cambio por nada.

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