18 ilustracion borron 1024 - Lección aprendida

Después de un proceso de divorcio muy difícil y prolongado (duró un poco más de dos años), confieso que nunca pensé que sería capaz de tener una relación cordial con mi exesposo.

Lo último que alguna vez se me hubiera cruzado por la cabeza es que mi ex fuera capaz de hacerme la vida tan difícil en ese proceso, pues siempre lo vi como una persona sensata. No tomé en cuenta que las personas cuando se sienten heridas reaccionan y, en ocasiones, pues lo hacen de la peor forma. Y lo que yo pensé que sería un divorcio amigable y sencillo se convirtió en todo lo que nunca quise: una guerra campal. Como en alguna ocasión me dijo mi terapeuta: “Uno sabe con quién se casa, pero no de quién se divorcia”.

El dolor, la frustración y el ego herido nublan la mente y la razón. Pero en fin, después de algunos años, demandas, apelaciones, peleas, acuerdos privados y mediaciones, fuimos capaces de fumar la pipa de la paz. No creo que los dos estuviésemos  100% de acuerdo con las condiciones que aceptamos, pero pudimos encontrar un punto medio. Eso sí, una vez llegado a este punto y logrado el divorcio, todo se hizo más fácil. Y creo que, al final del día, la lección fue grande.

Recuerdo la primera vez que me atreví a llamarlo para consultarle algo sobre los niños y terminamos hablando por 20 minutos de cualquier otra cosa. Cuando cerré el teléfono sonreí al percatarme, con gran sorpresa, de que había tenido la primera conversación agradable y sin ganas de tirarle el teléfono, en años.

Creo que hasta me reí de alguno de sus chistes. Recuerdo que pensé “qué inútil fue pelear por tanto tiempo”. Pero fue ese mismo tiempo, ese agotamiento, el que nos hizo deponer armas y lograr una tregua. Hoy día ambos entendemos que, si bien como pareja no funcionamos, seguimos siendo padres de dos niños que tenemos que educar juntos (pero no revueltos, esa es historia para otra columna). Y ahora procuramos, dentro de nuestras posibilidades, lograr un consenso cuando se presenta algo.

No puedo decir que seamos amigos ni nada parecido, pero por lo menos somos cordiales, civilizados y velamos en conjunto por el bienestar de los niños.

Lección aprendida: El tiempo pasa y pone cada cosa en su lugar. Hasta la peor tormenta amaina.