15sep EL borron 1500 - La noche que me di cuenta que estaba lista para volver al ruedo

Cuando recién te separas te sientes un tanto desubicada en cuanto a la vida social se refiere.

Por fin puedes salir al lugar que quieras sin que te hagan caras feas o se quieran ir apenas llegas. ¡El problema es que ahora no tienes con quién ir!

Todos tus amigos son parejas, y si todavía te incluyen en sus planes de salir, ahora te sientes como violín. Ya no es lo mismo y te sientes algo fuera de lugar. Entonces empiezas a ver tu lista de contactos para ver qué amigas solteras o divorciadas conoces y les preguntas qué planes tienen.

Recuerdo que al principio comencé a frecuentar a una amiga soltera y solíamos ir todos los jueves a un restaurante en particular a cenar. Una noche me emperifollé y con mi mejor sonrisa salí a buscarla.

Cuando entramos al restaurante, vimos que en la mesa frente a la puerta se encontraban sentados unos caballeros ensacados. Uno en particular me miró y me sonrió. El mesero nos llevó a nuestra mesa y como siempre, a mi amiga y a mí se nos fue pasando la noche compartiendo cuentos. De pronto, veo al caballero en cuestión asomarse desde su silla y dedicarme a lo lejos una gran sonrisa.

Debo admitir que nunca me había pasado esto en la vida, tomando en cuenta que me casé a los 20 años con mi primer y único novio. Nunca salí con otra persona. Me sonrojé. Luego lo vi hablando con el mesero y le dije a mi amiga: “Creo que viene una botella de vino en camino”. En efecto, al minuto y medio llegó una botella de vino igual a la que yo estaba tomando, y a los tres minutos el caballero de la sonrisa Colgate llegó a la mesa y se presentó. Resulta ser que era un dominicano muy simpático, soltero y unos años más joven que yo.

Todo era pura risa, hasta que sonó mi teléfono y apareció en la pantalla la foto de mis dos hijos, a lo cual siguió la pregunta: “¿Tienes hijos?”. Cuando le respondí que sí, solo me sonrió. Conversó con nosotras unos minutos más y luego, con una disculpa, se paró de la mesa, dijo buenas noches, que fue un placer, y se retiró.

Les cuento que salí del restaurante feliz, con una sonrisa de oreja a oreja, una botella de vino gratis y la autoestima en el cielo.

Me sentí totalmente capaz de volver al ruedo, y después de tantos años de no sentir nada, estaba lista para sentir algo otra vez.

De él no supe más nada, ni lo volví a ver, pero le estaré eternamente agradecida por el gesto, que para él no habrá significado mucho, pero para mí sí. Nadie sabe para quién trabaja. Gracias Tigre, ¡me devolviste a la vida!